Por Alberto García Sánchez Algarsan

Opinión
LA NUEVA ANTORCHA. — En esta Tierra de Gracia, las personas honestas sobrevivimos con ingresos miserables, lo que genera un malestar generalizado: una suerte de contaminación que nos alcanza a todos por igual. Nada parece marchar bien y me atrevería a decir que hasta la literatura cojea para poder seguir avanzando.
No se trata de desesperanza ni de claudicación, sino de constatar que las vías de la comunicación y la socialización están viciadas. No existe persona con quien intercambie impresiones sobre la vida que no caiga en lamentaciones sobre la crisis del país y la indiferencia de unos gobernantes que actúan con irresponsabilidad, ensordecidos ante el sufrimiento del pueblo y ajenos a cualquier solución real.
Hasta el planeta parece hastiado: para desahogarse, tiembla en los cuatro puntos cardinales como si se nos viniera encima el apocalipsis.
¡Dios proteja a Venezuela!
Albert

