Cómo fue la relación del papa Francisco con América Latina (y los retos religiosos y políticos que enfrentó en su región)
Con información de Agencias
Internacionales
LA NUEVA ANTORCHA.- El papa Francisco ha muerto este lunes a las 7:35 de la mañana, a los 88 años, poniendo así fin a doce años de pontificado histórico por lo pionero e inusual.
La muerte de pontífice pone fin a doce años de un pontificado que ha sido histórico. Fue el primer Papa latinoamericano y convivió con un papa emérito, el alemán Benedicto XVI, algo que no pasaba desde hace siglos desde hace siglos.

Casa Blanca: «Descansa en paz, papa Francisco»
La Casa Blanca ha compartido una publicación conmemorativa inicial para el difunto papa Francisco, escribiendo en X “Descansa en paz” junto a fotos del presidente Donald Trump y el vicepresidente J. D. Vance reuniéndose con el pontífice.
Trump se reunió con Francisco en el Vaticano en 2017, mientras que Vance se reunió con Francisco brevemente el domingo, justo un día antes de su muerte.
Milei lamenta la muerte del Papa: destaca su bondad y sabiduría
El presidente de Argentina, Javier Milei, ha lamentado este lunes el fallecimiento del Papa Francisco, de quien ha alabado su «bondad y sabiduría» pese a las «diferencias» expresadas públicamente y que, en palabras del propio mandatario, «hoy resultan menores».
«Con profundo dolor me entero esta triste mañana que el Papa Francisco, Jorge Bergoglio, falleció hoy y ya se encuentra descansando en paz», ha publicado Milei en redes sociales, en un mensaje en el que se ha despedido del Pontífice «como argentino» y «como hombre de fe».
Milei había suavizado en estos últimos meses sus posicionamientos sobre el Papa, a quien llegó a describir como «el hombre del diablo en la Tierra» o «imbécil» en su etapa discursiva más dura, que precedió a varios encuentros en persona.
Posibles sucesores
Con el reciente fallecimiento del papa, la mirada de la Iglesia se posa en el futuro, con la inevitable pregunta sobre quién sucederá a Francisco.
La especulación se intensifica, dibujando un complejo panorama de cardenales papables cuyas trayectorias y visiones podrían moldear el próximo capítulo del papado. El proceso, envuelto en el misterio del cónclave, promete ser un crisol de influencias y expectativas.
El cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado del Vaticano, emerge como una figura central y uno de los favoritos. Su dilata experiencia diplomática y su papel en la administración de la Santa Sede le otorgan un perfil de estadista, capaz de navegar las complejidades del mundo contemporáneo. Su moderación y habilidad para el diálogo podrían ser claves en un momento de polarización global.

Matteo Zuppi, arzobispo de Bolonia, representa una corriente pastoral centrada en la justicia social. Su cercanía a la Comunidad de Sant’Egidio y su mediación en conflictos internacionales le han ganado reconocimiento. Su enfoque en los vulnerables y su llamado a la solidaridad resuenan con quienes buscan una Iglesia comprometida con los desafíos del presente.

El cardenal Pierbattista Pizzaballa, actual Patriarca de Jerusalén, añade una perspectiva crucial desde el corazón del conflicto en Tierra Santa. Su conocimiento de la región y su capacidad para dialogar con diferentes religiones lo convierten en una voz relevante en un mundo marcado por la división.

Saliendo de Italia, la dimensión global de la Iglesia se refleja en la presencia del cardenal Luis Antonio Tagle, arzobispo emérito de Manila y actual Pro-Prefecto del Dicasterio para la Evangelización. Su carisma y su capacidad para dialogar con diversas culturas lo convierten en un puente entre la tradición y la modernidad, representando a creciente influencia del catolicismo asiático.

Peter Erdő, arzobispo de Budapest, aporta una sólida formación teológica y experiencia en el diálogo ecuménico. Su liderazgo en eventos internacionales y su capacidad para construir puentes entre diferentes confesiones lo sitúan como un candidato con un perfil intelectual y diplomático.
El cardenal Peter Turkson, de Ghana, quien lideró el Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, se destaca como un defensor de la justicia social y el desarrollo sostenible. Su voz resuena en temas de ecología, pobreza y derechos humanos, presentando una opción para quienes buscan un pontificado enfocado en la doctrina social de la Iglesia. Su posible elección representaría un hito histórico, al ser el primer Papa africano en más de mil años. Sin embargo, su edad avanzada podría ser un factor limitante en un cónclave que podría inclinarse por candidatos más jóvenes.
En el ala conservadora, el cardenal Raymond Leo Burke, de Estados Unidos, se erige como un crítico de las reformas de Francisco. Su postura tradicionalista y su énfasis en la doctrina podrían atraer a quienes buscan un retorno a una Iglesia más rígida. No obstante, su perfil polarizante y su influencia limitada dentro del colegio cardenalicio podrían obstaculizar su elección.
En Canadá, el cardenal Marc Ouellet, ex prefecto del Dicasterio para los Obispos, representa una conexión con el papado de Benedicto XVI. Su experiencia en la selección de obispos y su conocimiento de la estructura eclesial son activos valiosos. Sin embargo, su avanzada edad podría ser un obstáculo en un cónclave que busca un liderazgo prolongado.
Robert Sarah, de Guinea, ex-prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, comparte con Burke una visión conservadora. Su defensa de la liturgia tradicional y su crítica a las reformas de Francisco lo sitúan como un posible líder para quienes anhelan una Iglesia centrada en la doctrina y la disciplina. Al igual que Ouellet y Turkson, su edad podría ser un factor determinante.
¿Y España?
España, con seis cardenales electores, también juega un papel relevante en la sucesión papal. Juan José Omella, arzobispo de Barcelona y expresidente de la Conferencia Episcopal Española, destaca por su cercanía al papa Francisco y su respaldo a las reformas. Su enfoque pastoral progresista lo convierte en un candidato con potencial.
Por otro lado, Carlos Osoro, arzobispo emérito de Madrid, es reconocido por su influencia y su afinidad con las ideas de Francisco. Su capacidad para conectar con las personas podría ser un activo valioso.
Otros cardenales españoles como Antonio Cañizares, Luis Francisco Ladaria Ferrer y Ricardo Blázquez, también podrían desempeñar un papel en el cónclave. La presencia española en el colegio cardenalicio asegura una voz influyente en la elección del próximo líder de la Iglesia Católica.
La elección del próximo Papa, sin embargo, no se reduce a una simple lista de candidatos. El cónclave es un proceso complejo, donde la voluntad de los cardenales electores, influenciada por sus propias experiencias, sensibilidades y la búsqueda de la guía divina, determinará el futuro liderazgo de la Iglesia Católica. La edad, la salud, la experiencia pastoral y administrativa, y la visión teológica de cada cardenal jugarán un papel crucial en las deliberaciones que tendrán lugar tras las puertas cerradas de la Capilla Sixtina. El mundo observa con atención, consciente de que la elección del sucesor de Francisco marcará un nuevo rumbo para la Iglesia en el siglo XXI.
Relación del Papa con la América Latina
La primera vez que el papa Francisco se sentó en el trono de San Pedro en la basílica romana marcó un precedente: en 2013 Jorge Mario Bergoglio, nombre de pila del Sumo Pontífice, se convertía en el primer pontífice jesuita y de origen latinoamericano. Nació en el barrio de Flores, en Buenos Aires Argentina, en 1936, en el seno de una familia típica de clase media – baja de la época.
Este 21 de abril, a escasas horas de su fallecimiento (7:30, hora local Roma), el padre Diego Uribe, docente de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia Bolivariana, explicó a EL COLOMBIANO su cercanía con este territorio, asegurando una conexión profunda del Pontífice con Latinoamérica.
La elección de un papa proveniente de Argentina, el país considerado el “fin del mundo”, como él mismo lo describió, rompió con siglos de tradición europea en el liderazgo de la Iglesia Católica. Sucesor del papa Benedicto XVI (Joseph Aloisius Ratzinger), el papa Francisco trajo consigo una perspectiva fresca, centrada en las periferias y en aquellos marginados por la sociedad.
“El papa Francisco es un hombre que conoce muy bien la realidad de este continente. Vivió etapas muy duras y complejas en su país (como la dictadura militar entre 1976-1983), pero también fue un participante activo en todas las acciones pastorales de América Latina, en el Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) y en diversas tareas apostólicas. Supo aportar nuestra manera de hacer las cosas, mucho más cercana a la gente y al pueblo de Dios”.
La relevancia del papa Francisco para Latinoamérica
Desde el inicio de su pontificado, Francisco abogó por la necesidad de una Iglesia pobre y para los pobres. Su liderazgo se centró en la esperanza, como aseguró el padre Uribe: “Una de las palabras clave de su pontificado fue la esperanza. Sus documentos y mensajes siempre contenían esa invitación a no dejarse vencer por la desesperanza, a recordar que no estamos solos. Era un Papa que piensa con corazón de padre y que se preocupa profundamente por quienes se sienten excluidos”.
Además de su necesidad de darle voz a los más necesitados, el papa Francisco tenía una conexión profunda con la naturaleza, tan abundante y diversa en América Latina. No es coincidencia que en su encíclica Laudato si (2015) abordara la crisis ambiental, preocupándose por las comunidades latinas que suelen ser las más afectadas por la degradación ecológica. Este documento llamó a una “conversión ecológica” y a una economía que sirva al bien común, en una región biodiversa pero afectada por la explotación de recursos.
Una de las iniciativas más significativas de su papado fue el Sínodo para la Amazonía en 2019. Este encuentro buscó nuevos caminos para la evangelización y la protección del pulmón del planeta. El sínodo abordó temas como la deforestación, la explotación minera y la situación de los pueblos indígenas, resaltando la necesidad de escuchar y empoderar a estas comunidades en la toma de decisiones que afectan sus territorios. La exhortación apostólica Querida Amazonía (2020) reflejó estos anhelos y desafíos.
El padre Uribe señaló que la Iglesia ha sido un lugar esencial para los procesos de evangelización y para los momentos de crisis y violencia en Latinoamérica. El papa Francisco siempre estuvo conectado con esas dinámicas sociales y sus problemáticas.
“La presencia de la Iglesia ha sido clave en los procesos políticos y sociales de América Latina. Ha estado presente en los momentos de crisis, y ha ofrecido esperanza y fortaleza a quienes más lo necesitan”, expresó.
El papa Francisco también tuvo una postura firme contra la corrupción y los abusos dentro de la Iglesia. Un ejemplo es la disolución del Sodalicio de Vida Cristiana, una organización ultraconservadora peruana implicada en escándalos de abusos sexuales y corrupción económica. Esta decisión, tomada en enero de 2025, envió un mensaje claro sobre la intolerancia del pontífice hacia conductas que traicionan la confianza de los fieles y manchan la reputación de la Iglesia.
A su vez, tuvo un desempeño activo en la diplomacia internacional, actuando como mediador en conflictos y promoviendo el diálogo en situaciones de tensión. Su intervención en el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba en 2014 es uno de los ejemplos destacados.

