La dirigente opositora se mostró reservada en los detalles, pero sostuvo que el proceso debe avanzar con «absoluta rigurosidad y transparencia» y tiene como objetivo central el bienestar de los venezolanos
Con información de El Nacional
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LA NUEVA ANTORCHA.- El Premio Nobel de la Paz otorgado a la líder opositora venezolana María Corina Machado se convirtió en una ventana para la causa democrática, un impulso que la propia galardona usó para enviar un mensaje directo e ineludible al gobierno de Nicolás Maduro sobre transición que es inevitable.
En una entrevista exclusiva con El País, Machado abordó las implicaciones de su galardón y el silencio de algunos gobiernos internacionales, manteniendo su posición desde la clandestinidad en la que vive desde hace más de un año.
La líder opositora redefinió el Nobel como un «impulso fundamental» que llega en un momento de quiebre, cuando la oposición agotó todos los caminos no violentos: «Hemos ido a elecciones, derrotamos el régimen y se robaron la elección. Hemos estado en múltiples procesos de negociación y el régimen en todos ha incumplido su palabra».
Al ser consultada sobre la viabilidad de una salida negociada en Venezuela, afirmó que el actual gobernante oficialista debe tomar una decisión crucial sobre su futuro, pero que el resultado final es ineludible. «Maduro decide si lo toma o lo deja, pero va a salir con o sin negociación», sentenció Machado en su primera entrevista tras el anuncio del Nobel.
Sobre esta firmeza, se basa en la convicción de que la oposición nunca ha estado «tan cerca de la libertad como en este momento». La líder opositora sostuvo que el Premio Nobel es un «impulso fundamental» zque valida la estrategia de resistencia civil.
Condiciones para la transición
La Nobel de la Paz dejó claro al medio español que la era de las negociaciones estériles terminó. Su postura no es de venganza, sino de justicia, e insiste en que las condiciones para la transición están dadas, incluso desde dentro del chavismo, cuyos antiguos partidarios son ahora los «más apasionados y fervorosos promotores del cambio».
Al ser consultada sobre las líneas rojas de una posible negociación con la cúpula, Machado se mostró reservada en los detalles: el proceso debe avanzar con «absoluta rigurosidad y transparencia» y tiene como objetivo central el bienestar del pueblo. Su anhelo es que la gigantesca diáspora venezolana pueda «volver a casa».
El galardón, que la líder venezolana admitió no vislumbrar, sirvió también como un filtro para las lealtades internacionales. Mientras Machado recibía felicitaciones, la diplomacia española mantenía un notable silencio. Sobre esta omisión, y sobre los virulentos ataques de figuras como el exvicepresidente Pablo Iglesias (a quien calificó sutilmente de «el mayor elogio»), la líder opositora afirmó que «ya no hay espacio posible para el silencio o la indiferencia».
El mensaje final es el de una resistencia que encontró un nuevo y poderoso altavoz global. El premio no es el final de la lucha, sino el punto de partida para una presión decisiva: «No hay nadie más interesado que yo en que este proceso avance rápido, de manera ordenada y con el menor costo posible», sentenció.

