Mié. Jul 29th, 2026

Por Omar González Moreno

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA.- Quienes analizan, con fría objetividad, la situación que enfrenta Nicolás Maduro en la actualidad, afirman que la mejor alternativa que le queda es largarse del país.

Sólo en la locura, un hombre a quien detesta el 90 por ciento de la población venezolana y la casi totalidad de la comunidad internacional, es capaz de creer que puede mantenerse en el poder con semejante rechazo.

Se lo advirtió el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, al llamarlo terco y recomendarle que cuando un candidato a la reelección pierde está obligado a entregar y prepararse para la próxima contienda electoral.

Lo propio hizo el político uruguayo, exrevolucionario y agricultor que se desempeñó como el 40.º presidente de Uruguay, José Alberto «Pepe» Mujica Cordano, quien calificó a Maduro como «PORFIAO», terco u obstinado al no aceptar su derrota.

Total, la situación en Venezuela está marcada por la peor crisis humanitaria de su historia y una oposicion política casi unánime, ha llevado al país a punto de una rebelión popular sin precedentes.

En medio de este caos, muchos ciudadanos buscan desesperadamente una salida, un camino hacia la esperanza que se les ha escapado por años.

En este contexto, consideran que la mejor alternativa que tiene Nicolás Maduro para él, para Venezuela y para la estabilidad de la región es, sin duda, que se vaya y deje en paz a Venezuela.

Respetar la voluntad popular expresada nítidamente en las elecciones presidenciales del pasado 28 de julio, no solo sería lo menos costoso para Maduro en lo personal, sino un acto de responsabilidad para con el país y para con un pueblo que ha sufrido tanto de miseria y desolación.

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La migración forzada de millones de venezolanos, la ruina económica y el colapso de todos los servicios públicos es un testimonio doloroso de la necesidad urgente de un cambio.

La diáspora venezolana ha dejado corazones rotos y familias desmembradas, y cada día que Maduro se aferra al poder, ese dolor se intensifica.

Un repliegue de Maduro podría abrir las puertas a un nuevo gobierno, a un nuevo sistema, como el que proponen María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, capaz de escuchar al pueblo y trabajar por la reconstrucción de la nación.

Este abandono voluntario del poder, antes de que sea demasiado tarde, podría estimular la implementación de políticas que busquen sanar a un país desgastado por la desigualdad, la corrupcion y la represión.

Además, beneficiaría no solo a los venezolanos, sino también a la región que ha experimentado las repercusiones de una crisis humanitaria que desborda sus fronteras.

La historia ha demostrado que a veces la fuerza más poderosa radica en la voluntad de dejar el poder por el bien común.

Nicolás Maduro tiene en sus manos la ultima oportunidad de evitar más daño a Venezuela, una partida a tiempo que permita que la esperanza y la dignidad sustituya al miedo y la desolación.

Es un momento crucial en el que su decisión personal podría ser la clave para reestablecer la paz y la estabilidad que tanto anhelan los venezolanos y que tanta falta hace en el continente.

Un paso hacia adelante, una decisión hacia la paz.

Es hora de que Maduro considere el futuro de su país por encima de su ambición de mantenerse en el poder a sangre y fuego.