Jue. Jul 30th, 2026

La verdad nos hará libre y la constancia grandes como país

Por Omar González Moreno

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA.- Encerrados en la embajada Argentina en Caracas desde hace casi 10 meses, los 5 asilados venezolanos que aquí nos encontramos enfrentamos un reto que va más allá de las dificultades cotidianas: llevamos casi mes y medio sumidos en la penumbra, sin electricidad ni la compañía reconfortante de visitas.

Esta situación se convierte en una prueba de resistencia y esperanza para quienes logramos escapar de los verdugos de Maduro que intentaron secuestrarnos por ser parte del equipo de campaña de María Corina Machado y Edmundo González Urrutia.

La falta de luz no es solo un inconveniente; representa una lucha diaria. Sin electricidad, se apagan no solo las luces de la casa, sino también otros servicios básicos.

Las noches se alargan en un silencio abrumador, donde hasta los ecos de los pensamientos creativos se ausentan, para dar paso a los peores augurios.

Los asilados de la embajada Argentina en Venezuela, despojados de la posibilidad que nos permitía comunicarnos con nuestros seres queridos, enfrentamos una soledad que pesa como una losa.

Durante el día, el calor, los zancudos y el silencio se convierten en un enemigo difícil de combatir.
Sin agua ni refrigeración, los espacios se vuelven inhóspitos.

La comida se echa a perder, y las condiciones de higiene se deterioran.

En estos momentos, un simple gesto de solidaridad, como compartir un poco de agua fría o un plato de comida, se transforman en un acto de amor.

Las visitas, que tradicionalmente podían ofrecer un respiro emocional, han sido absolutamente prohibidas.

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El silencio de los diplomáticos de otros paises impuesta por el régimen complicó aún más las posibilidades de recibir apoyo.

Cada día, se siente el peso de la ausencia, no solo de amigos y familiares, sino tambien de una comunidad internacional que pareciera preferir mirar hacia otro lado para no incomodar al tirano.

A pesar de todo, la resiliencia de quienes nos encontramos asilados brilla intensamente.

Organizamos pequeñas reuniones improvisadas, donde compartimos historias, recuerdos y sueños de un futuro mejor.

Juntos encontramos fuerza en la unidad, recordando que la adversidad a menudo forja lazos más profundos.

Las historias, llenas de sacrificio y valentía, son un testimonio del espíritu humano que se niega a rendirse.

Mientras la oscuridad continúa envolviéndonos, el deseo de volver a ver la luz —literal y figurativamente— en nuestras vidas es más fuerte que nunca.

A través de la esperanza y la solidaridad, los asilados en la embajada luchamos por un mañana más brillante, donde la oscuridad sea solo un recuerdo lejano.

Estamos convencidos que esto terminará pronto. La dictadura de Maduro y su cada vez más pequeña pandilla es insostenible.

¡Pronto seremos libres!

OGM