Por Omar González Moreno
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.- Actualmente, cerca de un tercio de la población venezolana, alrededor de 10 millones de personas, se encuentra atrapada en un estado de pobreza crítica.
Esta situación desesperante no es solo una estadística; es una tragedia humana que refleja el sufrimiento cotidiano de familias que luchan por sobrevivir.
Es, al mismo tiempo, un barril de pólvora con una mecha corta que puede estallar en cualquier momento.
Lo más desgarrador es que, mientras las calles resuenan con la tristeza de quienes no tienen qué comer, los jerarcas de la tiranía de Nicolás Maduro parecen estar completamente ajenos a la devastación que han causado.
No tienen vergüenza de exhibir su riqueza malhabida en lujos extravagantes, manteniéndose indiferentes ante la miseria de las grandes mayorías.
Lo que más irrita es que esta repugnante situación la promueven cínicamente como el resultado de un régimen preocupado por combatir las desigualdades sociales.
Las cuentas bancarias de los cabecillas del régimen y sus cómplices continúan engordándose en el extranjero, evidenciando una desconexión alarmante con la cruda realidad de la hambruna que enfrenta el pueblo.
El contraste entre su ostentosa vida y la miseria de millones es desgarrador.
Las historias de esas madres que caminan horas en búsqueda de alimentos escasos, de padres que se ven obligados a abandonar a sus hijos en busca de un futuro mejor, son un grito doloroso que resuena en el corazón del país, clamando por un cambio urgente.
El respaldo que alguna vez pudieron tener se ha desvanecido por completo ante el desamparo y la indiferencia, y el espíritu de resistencia del pueblo venezolano ha alcanzado su máxima expresión; ahora más que nunca, está dispuesto a cobrar la factura.
Este drama humano clama al mundo por justicia y solidaridad.
La comunidad internacional debe voltear su mirada hacia Venezuela, no solo para condenar las injusticias, sino para apoyar a un pueblo que anhela libertad y dignidad.
Las cartas están echadas y es cuestión de que toda esa indignación se transforme, de una vez por todas, en una fuerza invencible que ponga fin a este desastre.
Cada voz unida puede ser un poderoso eco que resuene en los corazones de aquellos que, en el poder, han olvidado la humanidad que llevan consigo, mientras millones sufren en silencio.
La lucha por un futuro mejor continúa, y con ella, la esperanza de que pronto el pueblo venezolano pueda recuperar su hogar y su vida, libre del yugo de la opresión.

