Mientras el mandatario estadounidense consolida su influencia global con acciones determinantes, los regímenes de Rusia, China y Corea del Norte enfrentan el aislamiento y el rechazo a sus modelos de expansión y represión
Con información de Agencias
Internacionales
LA NUEVA ANTORCHA.— En un giro histórico que ha reconfigurado la geopolítica mundial este enero de 2026, el liderazgo de Donald Trump ha alcanzado niveles de aprobación sin precedentes, disparándose tras la exitosa operación de captura del dictador Nicolás Maduro Moros.
Esta acción, percibida por gran parte de la comunidad internacional como el fin de la impunidad en el hemisferio, contrasta drásticamente con la imagen debilitada de figuras como Vladimir Putin, cuya ofensiva en Eurasia lo mantiene bajo el estigma del «carnicero de Rusia», y el hermetismo opresor de Kim Jong-un, en Corea del Norte.
Mientras tanto, el presidente estadounidense Donald Trump capitaliza la narrativa del «orden y la libertad», los pilares de la autocracia global parecen tambalearse ante una respuesta de Washington que ha pasado de la retórica a la ejecución directa de ese lema de «luchar en todos los confines del mundo, por la verdad, la paz y la justicia».
Este fenómeno de popularidad también pone bajo la lupa la ambición desmedida de Xi Jinping, quien durante años intentó inundar los mercados globales con sus políticas de exportación masiva y «baratijas chinas» para ganar influencia política.
El análisis actual sugiere que el modelo de expansión económica de Beijing ha chocado con un muro de soberanía y proteccionismo estratégico liderado por la Casa Blanca, dejando al mandatario chino en una posición defensiva.
Analizamos cómo la caída del eslabón venezolano no solo libera a una nación, sino que expone la fragilidad de un eje autoritario que hoy se ve superado por la determinación de un Estados Unidos que ha vuelto a asumir el rol de policía y motor del mundo libre.

