Por Franklin Martinez
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.— En la mayoría de los países del mundo que viven en régimen democrático los partidos y movimientos políticos son clasificados y denominados de acuerdo a sus ideas respecto a como debe funcionar el estado, la sociedad y el sistema de derechos individuales; desde esa óptica se define la ideología política de los partidos.
El debate gira en torno a las propuestas o visión nacional que cada uno presenta (o, alianzas entre afines ideológicos), así, por ejemplo, el ciudadano puede optar entre quienes defienden la tesis del control absoluto de la economía por parte del Estado, los que consideran que no debe intervenir de forma alguna o quienes creen en la necesaria participación del Estado en algunos aspectos para proteger a los más desvalidos; o, los que son partidarios de amplia protección para los trabajadores y los que no.
Sin embargo, en nuestro país, esa virtud de la Democracia (debate de ideas entre múltiples factores) ha sido silenciada voluntariamente por los polos extremistas, simplificando el debate a Gobierno/Oposición; es decir, las posiciones políticas parten de una situación circunstancial: apoyar o no a quienes detentan el poder, y no la visión de Estado y de sociedad que una comunidad política determinada enarbole; obviamente esa línea de acción sustenta la polarización extrema que tanto daño hace al país.
Basta observar la denominación que el PSUV y partidos aliados se da: Polo Patriótico; y, el remoquete de «única» oposición que se da el otro extremo para entender que la simplificación del debate de propuestas ha sido inducido, amén de la narrativa según la cual todos los que hacemos oposición somos «la derecha» y quienes no siguen la linea del extremismo opositor somos «Chavistas» o «Colaborcionistas», flaco favor se le hace a la Democracia con esa línea discursiva.
No es cierto que todos los que hacemos oposición tengamos en nuestro ideario concepciones «de derecha», como tampoco es verdad que defender ideas diferentes al extremismo opositor te convierte en Chavista; esta simplista percepción impide el fortalecimiento de la democracia venezolana y lleva el debate nacional a su más bajo nivel, ser de Gobierno o Oposición puede cambiar en un proceso electoral pero defender con firmeza que el estado debe tener necesaria participación en la economía para proteger a los ciudadanos, o, en el equilibrio de poderes, o, justas reivindicaciones para trabajadores, o, en justicia imparcial; no cambia con un proceso electoral cuando son convicciones profundamente arragaidas en el individuo.
El reconocimiento de la diversidad ideológica en el país, es otro paso necesario para la reinstitucionalizacion de la República y la construcción de una democracia sólida, y encaminaria el ejercicio de la política hacia el sentido que debe ir por el bienestar colectivo y no por el del odio de las últimas dos décadas que se alimenta de la polarización.
Que el ciudadano pueda elegir entre quienes creen en la privatización total de la educación y la salud y quiénes no creemos en ella; entre los que creen en un estado totalitario y quienes adversamos esa idea; así como otras muchas banderas que distintas organizaciones políticas levantan en múltiples combinaciones, es la democracia a la que debemos aspirar los venezolanos y no el dañino y venenoso concepto de Gobierno/Oposición que le ha sido inoculado a nuestra sociedad.
La construcción de un nuevo ecosistema político, diverso como nuestra sociedad, de reconocimiento, respeto, tolerancia, instituciones sólidas y fiables, óptimo para el verdadero debate de ideas, es también uno de los retos que el liderazgo nacional debe emprender o, caso contrario, seguir atrapados en la polarización extrema y el odio.

