Por Juan Peña
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.— Quienes reconocen ciertos méritos a la ciudadana María Corina Machado deberían reflexionar sobre la opinión de aquellos expertos en política y estrategia militar. Ellos señalan que el poder no se alcanza por méritos, sino como producto de una serie de circunstancias que permiten su conquista. Y, como decía Cantinflas, «ahí está el detalle».
A lo que me refiero es a lo siguiente: analicen de manera honesta y objetiva la situación actual, recordando que no hay peor ciego que el que no quiere ver. La situación política en Venezuela ha trascendido el ámbito diplomático para ubicarse claramente en el aspecto militar.
Esto es evidente: por las razones que sean, Estados Unidos posicionó un contingente armado muy poderoso frente a las costas venezolanas, con la intención —según la misma administración estadounidense— de intervenir si Nicolás Maduro no entrega el poder. Creo que hasta aquí no hay contradicciones.
En este tablero de ajedrez, el factor diplomático pierde relevancia, al igual que los voceros políticos de la oposición (María Corina y otros). ¿Por qué? Por una sencilla razón: no tienen piezas que mover. Las piezas en este tablero son fusiles, soldados, aviones, etc. Es decir, no tienen «vela en este entierro».
Quienes sí tienen influencia, mucha o poca, son Donald Trump con su poderío militar y, aunque cueste aceptarlo, Nicolás Maduro.
Esta es la razón, y escuchen bien porque es lapidario: Donald Trump anunció que conversaría con Maduro, y lo hizo. Saquen sus propias conclusiones: el hombre más poderoso del mundo, después de innumerables descalificaciones contra Maduro, tuvo que decir que hablaría con él.
¿Cómo se explica esto? Simplemente: los asesores de Trump le indicaron: «Presidente, tal vez Maduro sea todo lo que usted ha dicho, pero está armado hasta los dientes y cuenta, por ahora, con un contingente de al menos cien mil hombres. También tiene asistencia técnica rusa, china e iraní. Lo mejor, antes de una escalada militar, es conversar para ver si se llega a un acuerdo».
Este acuerdo no se concretó porque Maduro le pidió a Trump, escuchen bien, que lo dejara ir al exilio con toda su gente, que le quitara la recompensa y que aceptara un gobierno de transición en Venezuela, dirigido por las Fuerzas Armadas. Este gobierno se encargaría de legitimar las instituciones públicas y celebrar elecciones presidenciales transparentes y verificables en un período de dos años. Trump rechazó la propuesta, y Maduro respondió que, si no se aceptaba, no se iría y resistiría.
La respuesta de Trump fue bloquear el espacio aéreo venezolano. Pero la pregunta es: ¿por qué no termina de atacar?
La intervención militar en Venezuela no es una «mantequilla». Se los explico:
- Bombardeo Inicial: Los yanquis tendrían primero que bombardear las unidades de defensa estacionarias del ejército venezolano, las cuales seguramente caerían en pocas horas. Sin embargo, esto no afecta mayormente a Maduro, cuya estrategia es precisamente esa: dejar que bombardeen.
- La Invasión Terrestre: Después del bombardeo, el mensaje del gobierno sería: «Excelente, ahora vengan y desembarquen». Es aquí donde la situación se complica. Los expertos indican que, para poder invadir Venezuela y, lo más importante, controlar el país (que tiene casi un millón de kilómetros cuadrados), se necesitarían al menos cien mil tropas estadounidenses, y no las tienen disponibles en este momento.
- El Escenario de Caos y Guerra Civil: Si bombardean, el colapso de servicios básicos (agua, alimento, combustible, comunicaciones) sería total. Visualicen solo a Caracas, con seis millones de habitantes, la mayoría en los cerros: explosión social al máximo y guerra civil interna con un componente político extremo. Yo viví el Caracazo, y aquello sería nada comparado con lo que podría suceder en todo el país.
- La Resistencia Organizada: En ese caos, la Fuerza Armada resistiría con más de cien mil fusiles, nueve mil misiles manuales tierra-aire, grupos armados de apoyo y la guerrilla colombiana aliada. Los yanquis saben que, para controlar el país en esa situación, tendrían que llevar a cabo un genocidio. Es algo que no volverán a hacer.
La Propuesta Viable y la Derecha Extrema
Maduro está dispuesto a irse, sí, pero no bajo las condiciones estadounidenses, sino mediante un acuerdo que pasa por el establecimiento de un Gobierno de Transición liderado por la FANB. Este es el camino para la recuperación económica y social, la legitimidad institucional y elecciones transparentes en dos años, manteniendo la soberanía nacional. Esta es la misma propuesta que han apoyado líderes como Petro y Lula.
Reflexión Obligada: ¿A quién beneficia el conflicto?
¿A quién es a la persona que menos le interesa un acuerdo de este tipo, que facilitaría que la controversia política venezolana se canalice en paz y democracia?
Simplemente, al grupo que representa a la Derecha extrema. Si se concreta el acuerdo (que es lo más viable y menos costoso política y militarmente), el Sr. Urrutia no se juramentaría como presidente, ni podría nombrar a María Corina Machado como su vicepresidente para una eventual sucesión.
Y es aquí donde se impone la objetividad: no se trata de si Urrutia ganó o si María Corina Machado tiene méritos. Es triste para algunos, pero en este momento, esa discusión es intrascendente.
Quienes definen la situación son los que tienen el peso específico en lo estrictamente militar: Donald Trump y Nicolás Maduro. Los demás son «mirones de palo».
Lo más viable es que, al final, los norteamericanos, evaluando lo expuesto, terminen aceptando el gobierno de transición por dos años.
Por eso les digo: la Derecha extrema no llega al Poder.
»Son muchas veces las circunstancias y no nuestras mayores voluntades las que definen las situaciones.»

