Mié. Jul 29th, 2026

Por: Juan Velásquez

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA. El país fue testigo de una nueva alocución presidencial donde Nicolás Maduro afirmó categóricamente que la economía nacional «se ha recuperado». Ante semejante declaración, la pregunta se vuelve inevitable y cruel: ¿Recuperación para quién? La respuesta, por desgracia, es obvia: para aquellos que detentan el poder y sus «enchufados» —esa élite que opera al margen de la realidad del venezolano de a pie.

​Mientras la cúpula celebra un crecimiento ilusorio basado en la narrativa y no en el bienestar ciudadano, la realidad palpable es que el salario, el auténtico termómetro económico que incide en utilidades, vacaciones, prestaciones sociales y, lo más doloroso, en la jubilación, sigue pulverizado.

​Hablemos de cifras. El salario mínimo se mantiene en la vergonzosa cantidad de 130 bolívares. A mediados de este mes, gracias a la incesante devaluación, esa cifra equivaldrá aproximadamente a $0,50. Sí, el salario más bajo del mundo, la medalla de la miseria, se ostenta en «Revolución».

​Esta realidad insostenible nos lleva a un punto de inflexión. Es hora de que las estructuras que representan a los trabajadores tomen una decisión histórica. Me dirijo directamente a la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) y a la Federación de Trabajadores de los Estados: la hora de las tibiezas ha terminado.

​El sindicalismo tiene el deber moral e histórico de llamar a un paro general, declarar formalmente al des-gobierno como el único responsable de la crisis económica y, en unión cívica y pacífica con el pueblo, tomar la calle para reclamar, con una sola voz, un salario digno.

​Si las directivas sindicales no están decididas a correr este riesgo y asumir el sacrificio que exige la historia, que renuncien. No se justifica su existencia ni la cuota de agremiados en esta hora menguada.

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​En este momento crítico, no tenemos otra opción que la presión cívica. Las fuerzas extranjeras que esperan una reacción interna para justificar cualquier tipo de intervención no deben encontrar el vacío, sino un pueblo organizado y movilizado en defensa de sus derechos constitucionales.

​Nada se logra sin sacrificio. Ha llegado la hora de demostrar de qué estamos hechos, de enterrar el miedo y de entender que el único que se beneficia de que estemos divididos es MADURO. La unidad en la protesta pacífica es nuestra única arma. ¡Es ahora o nunca!