Por Alberto García
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.— Desde los clásicos de la resistencia latinoamericana hasta el fenómeno actual de los corridos de Michel, la música se consolida como el arma más poderosa contra la opresión y el olvido.
Resulta conmovedor observar cómo la canción protesta ha logrado sembrarse en el corazón de los pueblos latinoamericanos, especialmente allí donde se han instaurado regímenes totalitarios señalados por crímenes de lesa humanidad. Estadísticamente, el mayor flujo de compositores y voces rebeldes emana de naciones con periodos prolongados de opresión y confrontación política, siendo Cuba, Chile, Argentina y Venezuela los epicentros de este fenómeno artístico y social.
Durante las décadas de 1960 a 1990, la región consolidó una tradición robusta. Argentina y Chile aportaron figuras icónicas como Mercedes Sosa, Atahualpa Yupanqui, León Gieco, Víctor Jara y Violeta Parra, pilares en la resistencia contra las dictaduras militares. En paralelo, Cuba —donde algunos autores sitúan el origen formal de la «canción protesta» gracias a los festivales de los años 60— ha mantenido esta llama viva frente a un sistema que suma más de seis décadas en el poder. Esta corriente no es exclusiva del sur; Estados Unidos marcó hitos con el rock de los 60 contra la guerra de Vietnam y Sudáfrica se convirtió en la «capital mundial de la protesta» musical en su feroz lucha contra el apartheid.
En el contexto actual de la crisis venezolana, surge una figura que ha sabido capitalizar el sentimiento de un pueblo oprimido: Michel, «El Prodigio del Corrido». Michel Gutiérrez Carbonell, compositor cubano, ha fusionado la estructura del corrido con letras de profunda conciencia social. Sus temas se han vuelto virales al señalar directamente a las figuras del poder y, al mismo tiempo, exaltar el liderazgo de María Corina Machado, a quien muchos ven como la figura de la liberación tras más de 26 años de sistema chavista.
Hoy, la canción protesta en Venezuela es una herramienta de denuncia viva en redes sociales, donde niños y adultos interpretan estas letras para visibilizar el drama de los presos políticos y el horror de la tortura. En momentos en que se discute una Ley de Amnistía —una esperanza para que los perseguidos vuelvan a ver el amanecer en libertad—, la música de resistencia se erige como el preludio de un reencuentro nacional. La canción protesta no es solo arte; es el grito que exige el cese de la represión y pavimenta el camino hacia la libertad plena.
Albert 31/01/26

