Por Alberto García Sánchez
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.- Al fin terminó el jueves 22, un día tétrico e inolvidable por el colapso de los servicios públicos en el municipio Juan Antonio Sotillo y la opacidad informativa de Corpoelec que pone a la gente a elucubrar sobre las causas de esos cortes e inventar chistes u ocurrencias sobre la culpabilidad o no de animalitos rastreros convertidos en saboteadores, insurrectos y conspiradores del Socialismo del Siglo XXI.
Ha sido tan penetrante esa teoría de la Conspiración, que hasta los niños han desarrollado odio y xenofobia contra iguanas, ratas, ratones o rabipelados. Las acusaciones son extensivas hasta muchachos y viejos que se localicen cerca de subestaciones eléctricas para ser apresados y expuestos al escarnio público sin el debido proceso o derecho a la defensa. Pero no importa las amenazas que se hagan, desde la cúpula gubernamental, con el regreso del tun tun contra denunciantes,
«porque el peor enemigo de la libertad, es el silencio».
El jueves 22 fue una especie de festival de apagones que se extendió por más de cinco horas y fueron tantas las llamadas a Corpoelec Anzoátegui, para conocer las causa de esos apagones, que los dedos de los denunciantes se desdoblaron y quedaron sensibles al dolor. Es hora que el gobierno nacional o regional, ponga orden al desastre desalentador causado por los pésimos servicios públicos para que las amas de casa, niños y adultos recobren la tranquilidad emocional, además de los daños a neveras y toda clase de equipos electrónicos.

