Sáb. Ago 1st, 2026

“No perdamos nada del pasado.
Sólo con el pasado se forma el porvenir”
Anatole France (1844-1924)
Novelista y premio Nobel francés

Por José «Cheo» Salazar
X: @Cheotigre

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA.- Las nuevas y presentes generaciones y, algunas del pasado, sienten la curiosidad por saber por qué, la intersección de la carretera que conduce a Soledad ¿Ciudad Orinoco? con la carretera Negra de La Flint, lleva el nombre de “VEA”. Hagamos algunas precisiones.

La gente comúnmente habla de la carretera de Bolívar, cuando lo correcto es la carretera El Tigre – Soledad, la cual fue construida en la época de la dictadura que encabezó el Gral. Marcos Evangelista Pérez Jiménez y la carretera negra que la cruza hacia El Tigrito, debe su nombre al hecho de que la transnacional petrolera «Flint Construction Company», estuvo instalada desde su llegada a la ciudad y por muchos años en el cruce de la avenida 5, con una carretera negra (color del asfaltado), que le pasaba por todo el frente y que, hacia el norte empalma con la vía que conduce a Pariaguán y hacia el sur, llega hasta la antigua zona de tolerancia (Esquina del extinto burdel El 73, luego Alí Baba) y cruza en dirección al este, rumbo a San José de Guanipa. Esa es la ubicación del cruce de VEA.

Esa intersección siempre ha sido y es muy peligrosa para el tránsito automotor, a pesar de que, las dos vías eran trochas y el tráfico vehicular escaso. Hoy dos buenas vías, señalización y semáforo. Una excelente prevención, sin embargo, los abusos e infracciones están a la orden del día. Es cuestión de educación.

Una vez que la dictadura construye la carretera a Soledad, los conductores se sentían con el derecho de pasar a grandes velocidades, lo que trajo como consecuencia, el acrecentamiento del número de accidentes, ya que los trabajadores de las compañías petroleras, agricultores, ganaderos y algunos citadinos, utilizaban la carretera Negra de La Flint con regularidad y por necesidad. Era la época bucólica de la ciudad en plena ebullición y crecimiento. El tránsito de pueblo a ciudad.

En la década de 1950, hubo un trágico accidente. Venía de Ciudad Bolívar hacía El Tigre un norteamericano en una limusina marca Chevrolet de dos puertas a exceso de velocidad y en ese momento iba cruzando un trabajador petrolero en una pick up vía San José de Guanipa y chocaron.
La colisión fue tan fuerte que pereció el extranjero y su vehículo quedó como pocillo e’ loco. Vehículos inservibles.

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La chatarra de la limusina fue tomada por las autoridades de tránsito del momento para exhibirlo, como ejemplo y los demás conductores vieran y tomarán las previsiones del caso para evitar esos fatales accidentes. No había señales de tránsito. Vea y mátese por su vista, era la señal que enviaba el régimen de entonces. Chola y vista.

El vehículo (La limusina de dos puertas) en cuestión, fue ubicado en un pedestal en la esquina sureste en donde hoy está construido un moderno mall, exactamente donde está una moderna caseta de vigilancia la cual donó la empresa a la comunidad propietaria del centro comercial. Lamentablemente abandonado.

VEA le escribieron en letras bien grandes a la chatarra en las partes de los guardafangos que quedaron bien abollados. Ese monumento, indiscutiblemente, formaba parte de la memoria histórica de la ciudad, pero nunca faltan gobernantes circunstanciales que, por caprichos, intentan borrar las huellas históricas de la ciudad. Eso ocurrió en el año 1987. Un error histórico, lo importante y llamativo fue, es y será por siempre que la gente que pasaba, pasa y pasará se acostumbró a llamar el sitio: VEA. Exactamente por la inscripción que había en el vehículo destrozado por el aparatoso y trágico accidente. Es un lugar referencial de la ciudad.

Ese vehículo formaba parte del patrimonio histórico de la ciudad, pero con el argumento de que era una rémora de la dictadura, en el año 1987, fue retirado por orden del entonces Presidente del Concejo Municipal del Distrito Simón Rodríguez, ante la insistencia de uno de los últimos gobernadores nombrados a dedo por el presidente Jaime Lusinchi. Ambos pueden corroborar esa verdad, porqué están vivitos y coleando. Eso es historia reciente.

Muy tarde los ínclitos de la cultura, se percataron del error y ahora es tarde para subsanar el crimen que se cometió contra un ícono histórico de nuestra joven ciudad. Las verdades, también, suelen ser históricas, tristes, pero no tienen remedio.

Una vez que la dictadura construyó la carretera tipo A o vía expresa El Tigre – Soledad, surgió la necesidad de que se construyera la carretera negra La Flint. El diario Antorcha que siempre lideró mediáticamente las luchas reivindicativas de la comunidad, publicó un editorial dónde preguntaba ¿uién va a reparar (ni siquiera hacerla nueva) la carretera hacia el Tigrito? e insinuaba que fueran las compañías petroleras que eran sus mayores usuarios. Nunca la hicieron y, ahora, los gobiernos regionales construyeron una avenida por tramos, que según los conocedores de la materia no llena los requisitos de ingeniería vial. Transitar por ella es exponerse al peligro. Pero la necesidad obliga. Así son las cosas.

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El editorial del diario Antorcha, reclamando la reparación de la carretera negra “La Flint” fue considerado por la dictadura de Marcos Evangelista Pérez Jiménez como subversivo, terrorista, golpista y desestabilizador. Nada extraño en la actualidad. 22 días pasaron tras las rejas don Edmundo Barrios, Juan Meza Vergara editores del diario y Antonio López Castillo, quien era el distribuidor del periódico, por ese atrevimiento. Obvio, Antorcha, durante buen tiempo circuló condicionada por una salvaje autocensura ante la amenaza de clausura, siempre bajo la conducción de don Edmundo Barrios y Efraín Subero, los cuales se veían obligados a mutilar noticias, para no molestar al régimen, que los tenía vigilados y amenazados de llevarlos de nuevo a la chirola. La precaución no es cobardía.

La dictadura de entonces obligaba a que circulara el periódico. Era la estrategia del régimen que pretendía guardar las apariencias y no aparecer ante la opinión pública nacional e internacional como gorilas cerrando medios de comunicación social. El diario Antorcha que nació en la dictadura de Pérez Jiménez, cerró por falta de papel e insumos, que le restringió la «democracia» del socialismo del siglo 21. Mundo Oriental, que también fue fundado por don Edmundo Barrios, corrió la misma suerte y hace poco tiempo su versión digital fue borrada de un plumazo. Es la dinámica de la libertad de los nuevos tiempos.

En ese peligroso cruce perdió la vida uno de los fundadores del sector Pueblo Ajuro y del Partido Socialcristiano COPEI, gran luchador social y hombre de bien, don Jesús Guerra Tayupo, cuando una madrugada intentó cruzar hacia El Tigrito y su pequeño vehículo, fue embestido por una gandola que se desplazaba a gran velocidad rumbo a El Tigre. El jeep que conducía el popular “viejo” Guerra, quedó clavado, exactamente, debajo del mencionado vehículo chocado que paradójicamente, tenía la inscripción, VEA, como señal de alerta ante el peligro que comporta atravesar ese cruce sin tomar las previsiones del caso.

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Había y hay que estar mosca, pues. En ese cruce de VEA, a pesar de las luces intermitentes que habían colocado, el conductor desprevenido corría y corre el riesgo de perder la vida o al menos destrozar el vehículo y llevarse el susto de su vida. En ese cruce no muere conductor responsable y precavido.

En el año 1998 en el marco de la celebración de un aniversario más de la fundación de El Tigre, PDVSA inauguró, como parte del programa Desarrollo Armónico de Oriente (DAO) la avenida Rotaria que incluyó también la construcción del distribuidor vial del sector VEA, que ahora cuenta con las respectivas islas, reductores de velocidad, buena señalización, iluminación y semáforos, lo que aunado al hecho de que el sector ya forma parte del perímetro urbano de la ciudad, aun cuando continúa siendo peligroso, no es menos cierto, que se han minimizado los accidentes de tránsito y muchas vidas útiles se han salvado. La verdad sea dicha.

Es una síntesis de la historia del sector VEA, que hacemos para que las presentes y nuevas generaciones, conozcan el origen del curioso nombre que lleva ese importante distribuidor vial de la ciudad de El Tigre y, para que se atesore en la memoria histórica de la ciudad por vía escrita del porqué del nombre del ahora moderno distribuidor VEA, aun cuando la prueba física, que nos legó la dictadura, no hay manera de recuperarla ya que fue totalmente destruida y echada al arrume de alguna chatarrera, que seguro la vendió a alguna recicladora que la transformó en otro bien material. Such is live (Así es la vida).

La élite ilustrada y los que están obligados por ley, a ser guardianes del patrimonio histórico de la ciudad, no deben permitir, sin alzar su voz de protesta, que se continúe perdiendo, destruyendo y tirando al olvido estructuras que forman parte de la memoria histórica de nuestra patria chica. Es ese pasado el que nos ha dado identidad propia, nos instaló en este presente y nos formará el porvenir, por lo que se debería, una vez que, nuestros eximios cronistas, historiadores e investigadores decidan escribir la verdadera y auténtica historia de ciudad, incluir este distribuidor, empresas y personalidades mencionadas, en el disco duro de nuestra memoria histórica. ¡Vale la pena!
sjose307@gmail.com …0414 3838097 …El Tigre, mayo de 2025