Por Domingo Luis Díaz Mendoza
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.— La red de protección que una vez pareció inexpugnable sobre el Palacio de Miraflores ha sufrido su fractura más letal. La captura de Raúl Gorrín y Alex Saab no es solo la detención de dos individuos; es el desmantelamiento de la estructura financiera que sostuvo a Nicolás Maduro y Cilia Flores durante años. Hoy, señalados como los principales testaferros del dúo que ya enfrenta a la justicia en Nueva York, ambos se preparan para el mismo destino: el banquillo de los acusados en los Estados Unidos.
Los arquitectos del saqueo
Por un lado, Raúl Gorrín, el magnate de Globovisión, pasó de ser un operador de medios a un eje central en el lavado de divisas y el soborno a altos funcionarios. Por el otro, Alex Saab, el exministro cuyo nombre se convirtió en sinónimo de la mayor estafa alimentaria en la historia del país: las cajas CLAP. A través de este mecanismo de control social, se ejecutaron actos de corrupción con sobreprecios exorbitantes, enviando alimentos de pésima calidad a los venezolanos mientras se desviaban miles de millones de dólares a paraísos fiscales.
La «cartera» de Saab: ¿Quiénes caerán?
La mayor preocupación en las filas del régimen no es solo la extradición, sino lo que Alex Saab está dispuesto a revelar para salvarse a sí mismo. Se ha filtrado que el exministro posee una lista detallada —una «cartera» de compromisos— que implica directamente a diputados de los estados Anzoátegui, Barinas y Yaracuy. Estos parlamentarios, seducidos por los euros del entramado de corrupción, habrían sido financiados y trasladados a Europa para actuar como relacionistas públicos, intentando lavar la imagen de Saab y presentarlo ante el mundo como un «empresario modelo».
La hora de la verdad
Con ambos personajes en manos de la justicia internacional, el panorama para la cúpula madurista es devastador. Se espera que, una vez en suelo estadounidense, Saab «cante» sin reservas. La información sobre rutas de lavado, nombres de cómplices y la ubicación de fondos públicos saqueados pondrá en jaque lo poco que queda del andamiaje político actual.
La historia ha demostrado que no hay crimen perfecto, y en este caso, la ambición desmedida fue el rastro de migas de pan que condujo a la justicia hasta sus puertas. El conocimiento de la verdad es el primer paso hacia la libertad definitiva de Venezuela.

