«Uno no puede ni debe tratar de borrar el pasado por el mero hecho de que no se ajusta al presente». Golda Meir (1898 – 1978)
Política, diplomática y estadista israelí.
Por José «Cheo» Salazar
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Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.- «Uno no puede ni debe tratar de borrar el pasado por el mero hecho de que no se ajusta al presente». Golda Meir (1898 – 1978)
Política, diplomática y estadista israelí.
Una de las cosas más importantes que deberían preservar las autoridades locales es el patrimonio histórico. Entendemos que el desarrollo, el crecimiento y la modernización de la ciudad, exigen un equilibrio armónico entre lo viejo, lo nuevo y lo moderno. En todas las ciudades del mundo se conserva, restaura y se rehabilita el casco histórico y los sitios emblemáticos como una preciosa joya para que los propios y extraños sepan de dónde vienen, dónde están y hacia dónde van. No debemos borrar el pasado porque en cualquier momento nos alumbra el presente y nos proyecta el futuro. El que no conoce la historia está condenado a repetirla.
No somos muy duchos en materia de la conservación y preservación del patrimonio histórico y cultural. Hay quienes se venden como unos eruditos en la materia y los respetamos, otros que no son de aquí, que no les interesa nuestra historia y solo buscan sacar provecho económico azuzando diatribas y justifican las arbitrariedades de algunas autoridades. Los estimula los intereses crematísticos. Los mercenarios abundan. Empero, nosotros humildes hijos de fundadores de este pueblo e identificados con la identidad originaria de la ciudad que vemos con estupor como se destruye el patrimonio histórico, observamos los llamados a llamar la atención y tomar correctivos como callan de manera cómplice por temor a represalias o perder privilegios. Un ejemplo: la cabria del viejo edificio de La Flint. No son ciegos, se hacen los ciegos. No hay peor ciego que el que no quiere ver.
La mata de mango piña de la calle 5 de Julio de Pueblo Ajuro es parte de la historia al barrio y un pedazo del corazón de mi viejecita, Anastelia Salazar, hasta su muerte, la cual siempre vio ese lindo árbol frutal como un bello recuerdo de quienes fundaron el barrio Pueblo Ajuro en la década del 1940 cuando iniciaron «a juro», la primera expansión del Casco histórico, en contra de la voluntad de las compañías petroleras que poseían prioridad o propiedad temporal sobre esos terrenos amparados en un contrato de servidumbre que le otorgó el gobierno del Gral. Juan Vicente Gómez. Hechos verificables que forman parte de la memoria colectiva de muchos fundadores y generaciones presentes del sector que están vivitos y coleando. Es cuestión de consultarles.

José María Lira Reyes y Anastelia Salazar, mis padres, desde que fijaron residencia en la entonces proyecto de calle 5 de Julio, como fundadores de Pueblo Ajuro, tuvieron la feliz idea, en esa época, de sembrar 4 matas en fila en todo el centro de la calle 5 de Julio, quizá soñando con que algún día esa arteria vial podría convertirse en una gran avenida. Reconocemos que no fue así, pero las matas pasaron a formar parte de la identidad del sector. Eran un Matapalos, otra de Caoba las cuales cayeron por efectos del tiempo, la de Almendrón la derribó con el vehículo “Manoto” Marcano, cuando estaba enamorado de la vecina de la casa, la distinguida señorita Luisa Barreto, el cual cuando se echaba los tragos, pasaba volando por la calle que era un arenal, se coleaba y embestía los árboles, hoy sólo queda la mata de mango piña y los vecinos, amigos de muchas generaciones y la actual chiquillería, no solo le comen la deliciosa cosecha permanente (produce todo el año. Ni el cambio climático la afecta), sino también la ven como un icono, una reliquia y sienten que la mata y los deliciosos frutos les pertenecen. Es parte de la identidad del barrio innegablemente. Un patrimonio histórico de la ciudad.
¿A quién estorba? ¿A quién perjudica? A nadie de la calle. Sólo a perjudicaba a la casa de mi mamá, porque algunos transeúntes y en especial los niños, cuando salen de la escuela La Florida, para tumbar los mangos le lanzan piedras, palos y destruyen las tejas del frente de la humilde vivienda que nos vio nacer y donde hasta su lamentable fallecimiento habitó querida y siempre recordada madre ¿Por qué nunca la tumbamos? Muy sencillo, ella algunas veces molesta, nos decía para cortarla, sobre todo cuando rompían las tejas y las piedras caían en el techo, pero cuando se iba a proceder, se ponía nostálgica y detenía la acción. Mama sentía que se la escapaba una parte de la vida. Los nobles sentimientos se imponían. La mata de mango piña tenía en ella una gran protectora.
Es importante, entonces, no tratar de borrar ese interesante pasado. La mata de mango piña de la calle 5 de Julio de Pueblo Ajuro es una pieza más de la historia de este pueblo que nació al calor de la industria petrolera el 23 de febrero de 1933, por lo que, cuando nuestros eximios cronistas, historiadores e investigadores decidan escribir la verdadera y auténtica historia de esta pequeña urbe, la deberían incluir en el disco duro de su memoria histórica. ¡Vale la pena!
sjose307@gmail.com …0414 3838097 …El Tigre, octubre de 2025
Fotos leyenda:
Anastelia Salazar García (+) y sus hijos José María Salazar y Edgar José Salazar en la mata de mango.

