Jue. Jul 30th, 2026

Por Ronny Leonardo Padrón Pérez

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA.- Desde el siglo XIV, en los inicios del sistema diplomático moderno, hasta el presente, la comunidad de naciones ha mantenido en alta estima la institución de las misiones extranjeras porque entienden como un valor inestimable al servicio de mediación y negocios prestado por estas. Así entonces resultan muy escasas las tratativas de gobiernos anfitriones en contra de sedes diplomáticas extranjeras, ello en razón de su inviolabilidad, principio del Derecho Internacional Público que las protege, de conformidad con la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas del año 1961.

De allí el recurso en factores aparentemente ajenos al poder constituido, para ejecutar acciones que de otra manera comprometerían por mucho la imagen gubernamental del anfitrión. Ejemplo de ello la Crisis de los Rehenes en Irán. Cincuenta y dos estadounidenses tomados como rehenes durante 444 días (del 4 de noviembre de 1979 al 20 de enero de 1981), pero siempre, el régimen islamista allí gobernante recién ascendido al poder, cuidó con celo de su imagen, cargando la responsabilidad política en los estudiantes, autores de la toma.

Incluso en los muy recientes eventos en la Embajada de México con sede en la República del Ecuador, la justificación presentada por el país anfitrión pretende al menos guardar las formas, develando las andanzas delictivas del dirigente político Jorge Glas Espinel.

En ese contexto podemos calibrar en toda magnitud el despropósito del régimen político de facto dominante en la República de Venezuela, empeñado como está en la entrega forzosa de los 6 asilados venezolanos resguardados en la Embajada de la República Argentina con sede en Caracas desde el 20 de marzo del año en curso. No hay palabras para describir el registro de artimañas de las que se vale el sistema socialista criollo para lograr la claudicación de ¨los rehenes¨, amparado como está en el desprecio infinito que le es inherente cuando se trata del ordenamiento jurídico internacional.

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De esta situación, por demás trágica y vergonzosa para nuestro gentilicio, deriva una gran conclusión ahora de alcance general para la América toda: el restablecimiento pleno de la República de Venezuela constituye necesidad existencial para la democracia continental, por ende no cabría escatimar recursos tanto humanos como materiales, necesarios al logro del objetivo en término perentorio; en caso contrario, la consolidación de un centro internacional de terrorismo, tráfico de drogas y legitimación de capitales al norte de la América del Sur, se avizora como una realidad. Oración y trabajo.
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