Por Ronny Leonardo Padrón Pérez

Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.- La República de Venezuela, país sojuzgado por el socialismo, también destaca por sus rarezas político-electorales, de una magnitud tal que no dudamos calificarlas de inéditas.
Comenzando por la elección presidencial del año 2000, escenario de un acuerdo político preexistente, -notorio a posteriori- entre el candidato del gobierno y el principal de la oposición, ambos militares retirados, compañeros en la rebelión del año 1992, un pacto orientado a copar la política nacional de entonces.
Poco tiempo después, en abril de 2002, el día 13 para ser precisos, tiene lugar el retorno al poder de aquel presidente recién electo, el mismo que horas antes había renunciado -ello por boca del militar con más alta jerarquía para aquel entonces- en razón de su notoria responsabilidad política en la llamada Masacre de El Silencio.
De allí pasamos al 15 de agosto de 2004 con motivo del Referendo Revocatorio Presidencial, cuyos resultados formales contrarios a todo razonamiento lógico demostraron las posibilidades infinitas de fraude cuando el partido político dominante cuenta con una ¨oposición oficial¨.
Años después, en fecha 14 de abril de 2013 con motivo de otra elección presidencial, los venezolanos develamos una variante de timo electoral: ahora el candidato demócrata obtenía la victoria por estrecho margen, sin embargo para evitar, en sus propias palabras ¨un derramamiento de sangre¨ optó por omitir cualquier reclamo ulterior incluso la certificación legal de los cuadernos electorales. En fin, la mayor traición comicial ejecutada por un candidato presidencial venezolano.
Como para no perder la costumbre, ahora en vísperas de los comicios presidenciales pautados para el domingo 28J2024, el sistema político dominante representado por el PSUV, organización cuyos dirigentes principales están sujetos a millonarias recompensas internacionales fundadas en denuncias penales por delitos de la mayor gravedad, se halla ante un dilema de pronóstico reservado, a saber: una victoria legítima para su candidato, el principal responsable de la eliminación sistemática de venezolanos por causa política, ello aunado a la depauperación generalizada de toda la nación, es absolutamente inviable, y se le reconoce hoy como un huérfano de apoyo popular, esto frente a una candidatura demócrata cuya expectativa de voto ya ronda el 80%.
Es decir, a la fecha presente toda la sociedad democrática nacional e internacional entiende que de celebrarse dicho evento electoral será objeto de otro fraude comicial por parte del grupo delictivo organizado dominante en este país, así calificado por la OEA; un dolo que atentaría contra todo el sistema democrático interamericano. Afortunadamente en esta oportunidad el movimiento demócrata nacional sí cuenta con un liderazgo patriota encabezado por la principal dirigente de la democracia liberal venezolana, toda una experta en procesos electorales, garantía de que en esta ocasión el crimen no quedará impune, porque estamos esperando al ladrón. Oración y trabajo.
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