Mié. Jul 29th, 2026

Por Ronny Leonardo Padrón Pérez

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA.- Se trata de conductas típicas de la actividad política que conocemos de sobra en la República de Venezuela, pero no está demás establecer precisiones de cara a los próximos escenarios en medio del presente conflicto interno.

Entre gobernar y dominar se extiende un abismo conceptual que la ciencia política ya diseccionó, sin embargo, los pueblos del mundo continúan proclives al error. El gobernar se desarrolla en medio de regímenes políticos democráticos, en cabeza de autoridades legítimamente electas. Si bien en el pasado reciente tal accionar era distinguible en algunas pocas monarquías ilustradas, a la fecha presente se entiende muy bien que el gobernar es privilegio demócrata.

Esto es así por cuanto solo en regímenes democráticos de libertades la autoridad que preside la rama ejecutiva del poder público rige los destinos del país a su cargo conforme a la ley, obligada a someter su actividad pública al ordenamiento jurídico, respetando así el delicado equilibrio entre los órganos de ese poder público, todo en razón de su limitada condición de mandatario, a las órdenes de un sempiterno mandante: la sociedad. Así entonces tal gobernanza se circunscribe a la rigurosa ejecución de planes con base legal, siempre condicionada a un escrutinio público capaz incluso de acortar el ejercicio de gobierno cuando el desempeño de ese mandatario no satisface las expectativas del soberano. En más de doscientos años de historia patria la República de Venezuela solo testimonió una etapa democrática, que transcurrió desde el 23 de enero de 1958 hasta el 2 de febrero de 1999.

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Esa línea de tiempo nos permite contrastar en gran forma las diferencias características entre un período cronológicamente corto de enorme impacto social, en relación a un presente político de dominación, herramienta indispensable no solo como el sostén del poder sino además una garantía de elemental supervivencia para sus jerarcas ello en virtud de un background delictivo que omite cualquier interés programático hacia el bien común y menos aún por rendición de cuentas, porque la fuerza dominante instrumentaliza a toda sociedad que se le somete, en dirección a su fin de lucro.

Tan profundo fue el calado de esos 40 años gobernados en democracia que hoy son la base ideológica fundamental para continuar avanzando en la epopeya de restaurar a plenitud la Constitución de la República de Venezuela del año 1961. Oración y trabajo.
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