Sáb. Jun 13th, 2026

Por: Ronny Leonardo Padrón Pérez

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA.— Si analizamos la historia, América Latina —y específicamente nuestra América Hispana— acumula desde la Guerra de Independencia un expediente de oportunidades perdidas que es imposible ocultar bajo el simple argumento del «enemigo externo».

​Hoy, frente al tándem compuesto por el socialismo y el tráfico de drogas, ha llegado el momento de asumir la responsabilidad de nuestras erradas decisiones colectivas para poder allanar el camino hacia un desarrollo sustentable. Esta reflexión surge a raíz de las eternas ventajas comparativas que posee nuestra región, las cuales contrastan con una miseria endémica que solo se explica a través de nuestras propias culpas.

​Pretender que nuestro devenir sociológico puede abstraerse de los avatares propios de la existencia humana —considerada tanto individual como colectivamente— es como imaginar a un pugilista insensato que se disgusta cuando su legítimo contendor también le lanza golpes. Ahora que varios países hispanoamericanos se encuentran sometidos bajo el imperio de las drogas en connivencia con el socialismo, se hace necesaria una introspección y una autocrítica profunda hacia una auténtica liberación de las cadenas autoimpuestas de la mediocridad y la incultura.

​Nadie en su sano juicio puede afirmar que el socialismo y el narcotráfico sean la única causa primigenia de la actual debacle regional. Es más plausible considerarlos como procesos contrarios a la humanidad que alcanzan su pleno desarrollo en sociedades plagadas de antivalores.

​De no actuar con prontitud, la anomia, el empobrecimiento, el atraso y la vergonzosa pérdida de soberanía que hoy imperan en muchas naciones hispanoamericanas darán paso a la inexorable desintegración de nuestras repúblicas. Como sentenció El Libertador en su célebre Discurso de Angostura el 15 de febrero de 1819: «Moral y luces son nuestras primeras necesidades».

​Oración y trabajo.

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