Mar. Ago 25th, 2026

Por Ronny Leonardo Padrón Pérez

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA. — Eso y no otra cosa es el repudiable espectáculo iniciado el pasado 18 de junio por representantes de la Asamblea Nacional electa en 2015, y prolongado recientemente por un excandidato presidencial del proceso de 2024. Ambos episodios responden a una misma premisa: desplazar, mediante argucias, a la jefatura política del movimiento democrático nacional, electa el 22 de octubre de 2023 y ratificada el 28 de julio de 2024.

​Es difícil concebir una coyuntura política más compleja que la actual en Venezuela: un país bajo la tutela de una potencia extranjera y sojuzgado por un régimen de facto, pero que cuenta con una sociedad democrática vibrante, organizada bajo un liderazgo respaldado por la mayor legitimidad posible: el voto popular.

​En este contexto emergió una representación oficiosa de la clase política que ha fracasado durante los últimos 25 años. Su propósito ha sido desplazar mediante triquiñuelas al liderazgo democrático, a sabiendas de que tales maniobras resultan socialmente devaluadas y éticamente cuestionables, especialmente en una etapa tan delicada que se asemeja más a un conflicto decisivo que a una transición convencional.

​Cabe preguntarse qué consideración merece una dirigencia que, al inicio de un proceso de negociación crucial, intenta usurpar la conducción del movimiento democrático aliándose con intereses externos; o bien aquellos sectores que defienden comicios sectoriales por encima de la elección presidencial, a contracorriente de lo pactado el 29 de mayo de 2026 en el Manifiesto de Panamá.

​Como señala la célebre frase atribuida popularmente a Albert Einstein: «Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando resultados diferentes». Ante este panorama, solo queda actuar con coherencia y firmeza: oración y trabajo.

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