Por Ronny Leonardo Padrón Pérez
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.- Que aquel que puede, sobran los ejemplos, pero vale destacar uno muy en boga: Ucrania. Otra guerra de agresión por parte del tirano Vladimir Putin, ahora organizada para conquistar a su vecino europeo en solo 3 días; sin embargo, están por cumplirse 3 años de combates, ante un panorama militar nada halagador para el invasor.
Esa introducción viene a cuento porque de lo que se trata es de alertar sobre el aparente desconcierto de la jefatura demócrata criolla, fracasada como fue la tratativa del jueves 9 de enero del año en curso dirigida a obtener un pronunciamiento político de la fuerza militar y policial del PSUV en favor del restablecimiento pleno del orden constitucional y del Presidente Electo González Urrutia. Superado el trance sin mayores bajas que lamentar aún en medio de esta tragedia en desarrollo, va siendo hora de aprender lecciones y reajustar tácticas a objeto de salvaguardar la estrategia. Veamos.
Si alguna lección se deriva del antedicho incumplimiento militar y policial es precisamente la inutilidad de continuar considerándolos como posibles aliados de la transición democrática, cuando evidentemente son piezas fundamentales del bando enemigo, una situación que no tiene por qué cambiar. En lugar de insistir en lo inviable, estimamos de interés ahondar en esos factores que en medio de la adversidad se antojan favorables, tal es el caso del inminente exterminio político de la falsa dirigencia opositora en virtud de la reciente convocatoria del PSUV a una nueva farsa electoral pautada hacia el venidero mes de abril. Obviamente, el repudio popular ante los adherentes opositores de tamaño despropósito es tan grande, que equivale a su inhabilitación perpetua como alternativa legítima de poder.
Así entonces un escenario político donde la popularidad de esa resistencia democrática criolla alcanza y con justa razón niveles inéditos en la Venezuela contemporánea, impone una obligación moral al Presidente Electo para que ejerza perentoriamente y a plenitud sus facultades constitucionales, procediendo en primer término a formalizar su juramentación ante la Asamblea Nacional electa en 2015, órgano colegiado reconocido por la comunidad democrática internacional, que si bien es cierto se encuentra en situación de exilio forzoso, no lo es menos su legitimidad para cumplir esa jura incluso por vía telemática.
A continuación, no puede sino proceder la conformación de un gobierno en el exilio con plenas facultades ejecutivas conforme a la realidad imperante, empeñado sí en la apremiante organización de una fuerza militar nacional en los términos de la Carta Magna, en capacidad y disposición de ejecutar con éxito la restauración democrática en suelo patrio mediante el uso legítimo de la fuerza al amparo del Derecho Internacional Público y el Derecho Internacional Humanitario.
Porque depender únicamente de la solidaridad democrática internacional para restaurar la República de Venezuela sería el más grave error considerando sobremanera la nefasta experiencia del llamado ¨interinato¨ que usufructuario de todos los factores necesarios al logro del objetivo libertario, sucumbió bajo el peso de su propia mediocridad. El liderazgo demócrata hoy al mando tiene todas las herramientas para ser distinto, esperemos por sus actos. Prohibido olvidar. Oración y trabajo.
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