Mar. Jul 28th, 2026

Por Ronny Leonardo Padrón Pérez

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA.- Tendencia de opinión ya generalizada ante la evidencia de cuan frágil resulta el estado-nación frente a los embates del tráfico ilícito de drogas, sobremanera en aquellas regiones de limitado desarrollo cultural como el caso de nuestra América Latina.

Basta con observar el reciente performance de aquellos gobernantes acosados por el negocio trasnacional de las drogas a nivel regional: México, Colombia, Bolivia, para no mencionar aquellos donde el negocio ilícito ya asaltó el poder; líderes que ya claudicaron en la guerra anti drogas como política de Estado, ahora son burdas fachadas mediáticas, pletóricas de formalismo.

La gravedad de ese estado de cosas lo podemos apreciar en el saldo mortal producto de ese tráfico, que solo en países como los ya mencionados alcanza cotas imposibles de ocultar incluso para sus presidentes mediocres. Mientras Claudia Sheinbaum Pardo persiste en su negativa pública de reconocer a los cárteles de drogas como integrantes de un co-gobierno, a la vieja usanza de AMLO su antecesor, el saliente gobernante de Bolivia Luis Alberto Arce Catacora desde hace mucho descartó a la guerra anti drogas de su agenda pública nacional. Sin embargo, Gustavo Francisco Petro Urrego fue más allá: decidió confrontar diplomáticamente a Donald John Trump, precisamente en virtud de su liderazgo en la Guerra Global contra las drogas.

No puede ser casualidad que mientras en Colombia asesinan candidatos presidenciales promotores de la guerra anti drogas, en México acontezca otro tanto, ahora con la mira puesta en los alcaldes contrarios a ese negocio; al tiempo que en Bolivia, el único candidato presidencial que proponía guerra total anti drogas fue derrotado en recientes comicios y de manera inexplicable por el abanderado del apaciguamiento y la negociación nada menos que ante Juan Evo Morales Ayma, gestor de la normalización boliviana para el tráfico de drogas.

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Así las cosas, se van sumando razones para concluir en torno a la necesidad perentoria de imponer la legalidad a través del uso legítimo de la fuerza, ejercida ésta por la comunidad democrática de naciones, conforme a derecho, en contra de aquellos estados forajidos cuyas instituciones públicas se han visto superadas por el tráfico ilícito de las drogas, en caso contrario América Latina se convertirá en la zona franca más grande del mundo, especializada en el comercio ilícito de sustancias, destinadas al exterminio de la humanidad. Oración y trabajo.
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