Por Ronny Leonardo Padrón Pérez
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.— Lo imprevisible sigue siendo un carácter fundamental de la ciencia política, y así lo demuestra la parálisis de la actual transición. Esto se debe, en gran medida, a la naturaleza delictiva de sus personeros designados; una circunstancia evidente que no escapó de los sesudos análisis previos a la operación de enero y que, sin embargo, ya ha comenzado a arrojar los frutos más indeseados. Veamos.
El error de cálculo
Encargar a la propia dirigencia el desmantelamiento efectivo de un grupo delictivo organizado —que llegó incluso a dominar un país entero— sin disponer para ello de una fuerza militar y policial en el terreno, implica dos fallas críticas: por una parte, la sobreestimación de la capacidad disuasiva de la potencia tutora; y por la otra, un menosprecio rampante de la estructura criminal tutelada.
El padecimiento ciudadano
Así, el venezolano de a pie, diezmado por más de dos décadas de socialismo, observa y padece cómo el actual proceso de cambios políticos y económicos a nivel macro solo parece servir para garantizar la continuidad del sistema opresor.
Surge entonces una interrogante necesaria: ¿Quién podrá informar al gobierno estadounidense que Venezuela, a diferencia de Libia, Irak o Afganistán, es una sociedad democrática esclavizada por su propia fuerza militar y policial?
Prohibido olvidar. Oración y trabajo.
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