Por Ronny Leonardo Padrón Pérez
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.- El mesianismo, esa confianza inmotivada o desmedida en un agente bienhechor que se espera, o incluso que ya asomó, sigue siendo de los grandes problemas en el sistema democrático de libertades, sobremanera en nuestra América Latina, habida cuenta ese inveterado resabio con el gendarme necesario.
La superioridad democrática como alternativa de poder político, irrefutable a escala mundial, no basta. A la primera oportunidad el ¨salvador todoterreno¨ de uniforme o de civil, asoma sus grandes fauces. Llamado a resolver al término de la distancia todo aquello que la democracia nunca terminó de componer, es el mismo discurso, que no por trajinado deja de ser eficaz como ascensor al poder, incluso por vía del voto, aun cuando la gestión profundice fallos a resolver.
En la actualidad continental perviven ejemplos de la versión carismática; una vez encumbrados instrumentalizan órganos democráticos, bajo su particular visión del poder, omitiendo con poco o mucho disimulo pesos y contrapesos del sistema republicano. Sin embargo, es la historia que nos enseña la naturaleza efectista del experimento mesiánico, el líder triunfador y la sociedad dominada.
La república democrática es el único sistema político capaz de prodigar el bien común por vía pacífica, sustentable en el tiempo, debido a su comprensión de la específica naturaleza humana y el respeto que se deriva; la persona es sujeto de derecho, merece dignidad no sometida a conveniencias particulares o transitorias. No por casualidad es la auténtica democracia el referente político universal para aquella persona de bien. Oración y trabajo.
caballeropercivall@gmail.com

