Por Ronny Leonardo Padrón Pérez
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.- Nos referimos a esa transformación profunda que a lo largo de los últimos 25 años trasegó a la sociedad venezolana desde el abismo asistencialista donde nos lanzó la estatización petrolera de 1976 hasta un presente febril determinado por el sentimiento nacional en pro de una democracia liberal inédita en la Patria de Simón Bolívar. Veamos.
Todo cambio cultural que se precie de serlo requiere de circunstancias en tiempo, modo y lugar que solo ahora destacan con esa fuerza que le es inherente. Hace apenas 10 años era impensable para Venezuela un devenir político de espaldas a la institución armada dominante, hoy, pasado el evento político del 9 de enero el país nacional de una vez entendió que la fuerza militar y policial del PSUV constituye el principal obstáculo para el restablecimiento pleno del orden constitucional.
Es por ello que al tiempo presente resulta vox populi que el rumbo de la economía nacional nunca más deberá ser condicionado por el solo parecer del Estado, considerando como fuere que este resultó el peor administrador de recursos en la historia de la humanidad, y los venezolanos tuvimos que aprenderlo de la manera más cruel. Ahora sí entendimos que toda empresa mercantil gerenciada por el Estado siempre será un foco de ineficiencia y latrocinio, y sus administradores públicos los únicos beneficiarios.
A fin de cuentas, una Constitución Republicana no es la mejor porque tenga más publicidad, sino más bien cuando sirve de instrumento eficiente para la convivencia civilizada. La paz republicana que disfrutó nuestro país al abrigo de la Constitución de la República de Venezuela del año 1961 es el principal motivo para trabajar con denuedo en su pronta restauración. Oración y trabajo.
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