Mié. Jul 29th, 2026

Por Ronny Leonardo Padrón Pérez

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA.- A partir del 11 de abril de 2002 con la llamada ¨Masacre del Silencio¨ si algo conocemos los venezolanos es sobre manifestaciones ¨pacíficas y sin armas¨, en los términos del artículo 68 constitucional. Porque ha sido precisamente esa la principal herramienta política de la resistencia democrática criolla en su afán de restablecer plenamente el Estado de Derecho en la República de Venezuela, a sabiendas que el régimen de facto representado por el PSUV, obviando el orden jurídico, estima como subversiva esta clase de expresiones políticas cuando las desarrolla el contrario, de allí su frecuente saldo cruento.

Así las cosas, cuando la jefatura de la resistencia, encabezada por la Ing. Machado, convoca a toda la familia venezolana para una concentración popular de carácter nacional, enfatizando la participación de las abuelas, el asunto adquiere un significado especial. Ello es así debido al rol singular de las abuelas en suelo patrio los últimos 10 años, a la sombra del exilio.

Son el típico factor de conciliación en el hogar, que ante la crisis migratoria llega a ser incluso la ¨cabeza de casa¨, criando a los nietos por la ausencia forzada de los padres. Sin dejar de lado el hecho cierto de su condición naturalmente vulnerable en relación a las antedichas manifestaciones públicas en la Venezuela de hoy.

Si a todo lo anterior le sumamos la proverbial ecuanimidad de la convocante, no queda más que lucubrar sobre un acuerdo político preexistente de la resistencia democrática nacional con la fuerza militar del PSUV, garante en última instancia de un final feliz para esa convocatoria, algo por demás inusual considerando que se trata de una actividad de masas destinada a provocar el desconocimiento popular de ese régimen político, en beneficio del Presidente Electo Lic. Edmundo González Urrutia. Oración y trabajo.
caballeropercivall@gmail.com

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