Mar. Sep 29th, 2026

​Una comunicación escrita enviada a Jorge Rodríguez busca modificar el instrumento jurídico para «corregir desviaciones» y reconstruir la confianza en las instituciones democráticas del país

Con información NTN24

Nacionales

LA NUEVA ANTORCHA. — En una admisión implícita del carácter punitivo y represivo de la instrumentación legal en Venezuela, la presidenta encargada Delcy Rodríguez dirigió una comunicación escrita a Jorge Rodríguez, cabeza de la Asamblea Nacional, en la que solicita la reforma parcial de la «Ley contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia». La mandataria señaló en el texto que la modificación legislativa servirá para «reconstruir la confianza en las instituciones», «dinamizar la vida democrática» y corregir las «desviaciones» surgidas durante su aplicación dentro del sistema de justicia penal.

​Aprobada en 2017 por la extinta Asamblea Nacional Constituyente, esta normativa fue denunciada desde su concepción por organizaciones nacionales e internacionales defensoras de los derechos humanos por funcionar como un mecanismo de censura y persecución política. Sus ambiguos artículos tipificaron conductas de protesta social o disidencia informativa con severas sanciones de hasta 20 años de cárcel, convirtiéndose en el principal sostén legal del régimen para silenciar voces críticas y acorralar la libertad de expresión.

​Un ejemplo emblemático de violación de los derechos humanos bajo el amparo de esta ley fue el arresto arbitrario y posterior enjuiciamiento de defensores de derechos humanos, periodistas y ciudadanos comunes solo por expresar opiniones críticas en redes sociales o denunciar fallas en servicios públicos. En múltiples casos, detenciones arbitrarias ejecutadas sin orden judicial terminaron en imputaciones automáticas por «incitación al odio», sometiendo a las víctimas a tratos crueles, aislamiento e inhabilitación política sin el debido proceso ni garantías constitucionales.

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​Asimismo, la aplicación de la ley sirvió como justificación para perpetrar agresiones directas contra el gremio periodístico y medios de comunicación. Diversas estaciones de radio y portales digitales resultaron bloqueados, sancionados o clausurados bajo la premisa de difundir mensajes catalogados de «intolerantes», mientras que numerosos comunicadores sociales sufrieron persecución judicial y exilio forzoso tras encarar imputaciones penales derivadas del ejercicio de su labor informativa.

​Ante el anuncio del Ejecutivo, sectores de la oposición y defensores de los derechos humanos han manifestado un firme escepticismo. Diverso gremios han rechazado que la medida se limite a una simple modificación de forma y exigen la derogación total y definitiva de la ley, argumentando que cualquier intento por sanear la vida democrática exige eliminar de raíz los instrumentos de criminalización y otorgar la libertad plena e incondicional a todos los presos políticos.