Una investigación revela que agentes usaron lectores de matrículas para seguir rutinas privadas y acosar a mujeres, mientras la empresa que provee esta tecnología crece con miles de comunidades conectadas
Con información de Infobae
Internacionales
LA NUEVA ANTORCHA. — Marci Bakely no podía entender cómo su exnovio siempre parecía saber dónde estaba ella. Cuando ella iba a comprar víveres, a una cita o al médico, él le enviaba mensajes de texto al respecto, a veces en cuestión de minutos, a pesar de trabajar a 24 kilómetros de su casa como jefe de policía en un pequeño pueblo de las afueras de Atlanta.
Un día de 2024, cuando sospechó erróneamente que ella había ido a ver a un hombre, le envió un mensaje que decía: “No pensé que cometerías un error”, según los mensajes que ella compartió con The Washington Post. Bakely, de 50 años, empezó a sentir que la vigilaban constantemente.
Un día, cuando ella le presionó para que le diera respuestas, su ex le dijo por mensaje de texto que estaba usando Flock. Al igual que miles de otras agencias policiales en todo Estados Unidos, su cuerpo policial podía seguir los coches detectados por la extensa red de cámaras de carretera con inteligencia artificial de Flock, que registran las matrículas de los vehículos en una base de datos cartográfica.
Flock había vendido su sistema como la herramienta ideal para combatir el crimen, pero la herramienta también le había dado al jefe, Michael Steffman, el poder de monitorear silenciosamente la vida de Bakely. Para cuando ella comprendió lo que estaba sucediendo, Steffman había consultado las etiquetas de ella y de su hija adolescente aproximadamente 600 veces. Steffman fue arrestado en noviembre acusado de acoso, hostigamiento y uso indebido de lectores de matrículas. En abril, antes de que se celebrara el juicio, fue hallado muerto en su domicilio en un hecho calificado como suicidio.
Un gigante de la vigilancia en rápido crecimiento
Respaldada por inversores de Silicon Valley, Flock se ha convertido en un gigante de la vigilancia tecnológica estadounidense. La compañía declaró a The Post que sus más de 120.000 cámaras escanean actualmente las carreteras de más de 6.000 comunidades y registran 20.000 millones de lecturas de matrículas al mes.
Sin embargo, agentes corruptos han utilizado esta red como una herramienta para la vigilancia íntima. Las autoridades han imputado o acusado a al menos 50 agentes del orden por usar lectores de matrículas con fines no autorizados, incluyendo el acoso a mujeres sin su consentimiento, según un análisis de registros policiales y judiciales realizado por The Washington Post. En 26 de estos casos, los agentes utilizaron la tecnología para espiar a sus esposas, novias, exparejas o mujeres con las que querían reunirse. El sistema de Flock se utilizó en 46 de los casos analizados.
La revisión reveló que Flock otorgaba a los departamentos de policía una amplia libertad para activar o no configuraciones que podrían disuadir la mala conducta, y que muchas agencias ejercían una supervisión limitada. Tras ser consultados por The Post, Flock declaró que próximamente anunciará mejores filtros y herramientas para detener el abuso antes de que ocurra.
El director ejecutivo de Flock, Garrett Langley, afirmó que el mal uso de sus sistemas es inevitable y que la empresa se centra en proporcionar herramientas para identificar responsabilidades tras los hechos: “No vamos a cambiar a los seres humanos… Lo que sí podemos hacer es asegurarnos de que sepan que si usan esta herramienta, tendrán que rendir cuentas”.
Patrones de control, acoso y amenazas
Mediante los sistemas automatizados de lectura de matrículas (ALPR), diversos agentes rastrearon los desplazamientos diarios de sus víctimas, derivando en momentos de manipulación psicológica, acoso y amenazas:
- Wisconsin: Un agente de policía utilizó Flock para comprobar si su exnovia había acudido a una clínica de abortos, enviándole mensajes intimidatorios tras rastrear su vehículo.
- Kansas: Un jefe de policía rastreó a su exesposa a través de Flock y la sorprendió en un encuentro íntimo con otro hombre, lo que provocó su despido e imputación por delitos informáticos.
- California: Un exdiputado utilizó Flock dentro de una campaña de acoso contra su exprometida, resultando condenado a seis años de prisión.
- Florida: Un agente se declaró culpable tras utilizar sistemas informáticos para monitorear a su exnovia y enviarle mensajes con detalles de su vestimenta y ubicación.
Adam Dodge, fundador del grupo de capacitación en ciberseguridad EndTAB, explicó que la herramienta facilita la violencia doméstica por parte de agresores que cuentan con placas, armas y acceso a tecnología de vigilancia, lo que genera temor a sufrir represalias en las víctimas.
Falta de regulación y vacíos en la supervisión
Flock permite a cada agencia establecer sus propias normas de acceso. Los agentes no necesitan una orden judicial para realizar una búsqueda; únicamente introducen el número de matrícula en la plataforma. Adicionalmente, funciones como las «listas de objetivos» o la «huella digital del vehículo» permiten rastrear automóviles por su aspecto o recibir alertas en tiempo real.
Diversos defensores de la privacidad y expertos señalan vacíos estructurales en la prevención del abuso:
- Falta de leyes federales: No existen regulaciones a nivel federal y solo un grupo reducido de estados ha tipificado como delito el uso indebido de estos sistemas o exige auditorías obligatorias.
- Explicaciones genéricas: Muchas búsquedas registradas en las auditorías internas justifican las consultas con palabras vagamente descriptivas como «investigación» o «sospechoso», sin vincularlas a un número de expediente penal real.
- Mecanismos opcionales: Herramientas de control como exigir un número de caso penal antes de buscar o activar alertas de auditoría automática son opcionales para las agencias de policía.
Jay Stanley, analista de políticas de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU), señaló que exigir un número de expediente penal para cada búsqueda debería ser la práctica estándar para dificultar el uso indebido. Por su parte, Eva Galperin, directora de ciberseguridad de la Electronic Frontier Foundation, advirtió que la asimetría de poder y la falta de supervisión externa efectiva dejan desprotegidas a las víctimas frente a agentes con malas intenciones.

