Vie. Jul 31st, 2026

​Homenaje a un hombre fundamental de El Baúl, cuya vida es testimonio de trabajo incansable en el campo, valores familiares sólidos y una vitalidad inagotable que sigue siendo ejemplo para todo el estado Cojedes

Por Alberto García Sánchez

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LA NUEVA ANTORCHA.— Hoy, el pueblo de El Baúl se viste de gala para celebrar el octogésimo segundo aniversario de Carlos Monasterio, un hombre que personifica la esencia del llanero recio: incansable, trabajador y con un espíritu que desafía el paso del tiempo. A sus 82 años, Don Carlos no solo mantiene la energía de su juventud, sino que la canaliza en una maestría de vida que es referente para todos los que le conocen.

​Su trayectoria no se entiende sin la tierra que trabaja ni sin la familia que ha construido con esmero. Junto a su inseparable esposa, Tania, ha edificado un hogar basado en la lealtad y el respeto, siendo ella el pilar fundamental y la cómplice de cada una de sus faenas.

​Semblanza de un roble llanero

​Hombre de campo, de botas y de sol, Don Carlos encuentra su mayor satisfacción en el contacto con sus raíces. El sonido del ganado y el aroma de la siembra son para él la mayor de las alegrías; un motor que le impulsa a seguir activo, demostrando que la verdadera fortaleza no reside en la edad cronológica, sino en el temple del alma.

​Su presencia en el pueblo no pasa desapercibida. Con un porte distinguido y esa mirada firme característica de quien ha lidiado con las faenas más duras, sigue recorriendo nuestras calles con un garbo que impone respeto y despierta admiración. Es, sin duda, un ejemplar de pura cepa que conserva intacta la gallardía de sus mejores años.

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¡Salud, Don Carlos! Que la vida le siga brindando salud para continuar escuchando el bramar de sus vacas y para seguir siendo el baluarte de tradición y alegría que tanto enorgullece a nuestra región.