Dom. Sep 13th, 2026

Tras las explosivas declaraciones de Tareck El Aissami, versiones extraoficiales apuntan a una presunta investigación sobre bienes y nexos con tramas de corrupción

Por William Miquilena / CNP 9192

Nacionales / Especial

LA NUEVA ANTORCHA. — En las últimas horas, una ola de versiones extraoficiales ha inundado las plataformas digitales y los círculos políticos del país, sugiriendo una supuesta detención del exfiscal Tarek William Saab. Según fuentes que prefieren mantener el anonimato, el exfuncionario podría estar bajo custodia en Fuerte Tiuna, en el marco de una nueva fase de investigaciones que vinculan el manejo de criptoactivos y metales preciosos con figuras del alto poder como el oro.

​La tensión alcanzó su punto máximo tras las recientes audiencias del caso «PDVSA-Cripto», donde el exministro Tareck El Aissami —antiguo aliado de Saab— lanzó acusaciones directas contra el otrora titular del Ministerio Público y supuesto defensor de los derechos humanos. Estos señalamientos habrían disparado una serie de procedimientos especiales que, según trascendió, incluyeron allanamientos en propiedades de lujo donde supuestamente se localizaron importantes cantidades de oro y registros de operaciones financieras no declaradas.

​El hermetismo oficial es total. Mientras que en redes sociales se habla de una «noticia de impacto internacional» que habría llegado hasta oídos de socios comerciales en Asia y África, las instituciones del Estado no han emitido un comunicado que confirme o desmienta el paradero de Saab. Este silencio alimenta la teoría de una «fractura interna» que estaría forzando a antiguos colaboradores a «soltar la sopa» para buscar beneficios procesales ante la justicia.

​Expertos en materia judicial indican que, de confirmarse estos rumores, estaríamos ante el golpe más significativo contra la estructura que manejó la justicia venezolana en la última década. El uso de criptomonedas como mecanismo para evadir controles financieros vuelve a estar en el centro del debate, sugiriendo que la red de corrupción develada el año pasado apenas era la punta del iceberg de un entramado mucho más profundo y ambicioso.

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​Por ahora, el país permanece a la expectativa de una declaración formal. Lo que comenzó como un murmullo de pasillo se ha convertido en un «tubazo» potencial que pone a prueba la estabilidad de las piezas restantes en el tablero político nacional. De ser cierto que «la sopa se derramó», los próximos días serán cruciales para entender el alcance de estas nuevas revelaciones que prometen cambiar el panorama institucional de Venezuela.