Resalta la trascendencia del premio no solo como un reconocimiento individual, sino como un símbolo de la resistencia colectiva del pueblo venezolano, evidenciada en las masivas manifestaciones de la diáspora en treinta países
Con información de Nota de Prensa
Internacionales
LA NUEVA ANTORCHA.— Lo más resaltante en la entrega oficial del Premio Nobel de la Paz en Oslo, este 10 de diciembre de 2025, es el Símbolo de Resistencia, por cuanto se ha transformado en un «altavoz universal» que da testimonio de la lucha democrática en un país en el que «el autoritarismo nunca logró silenciar a un pueblo oprimido por bandas delictivas conformadas por mafias internacionales chinas, rusas, cubanas e iraníes».
Las marchas en ciudades como Bogotá, Madrid, Utrecht, Toronto y Buenos Aires muestran que la diáspora venezolana sigue unida, con la convicción de que «el Nobel es nuestro».
Este evento refuerza la percepción de que Venezuela se encuentra cerca de un «punto de quiebre histórico» y ha inyectado un enorme impulso moral a la causa democrática venezolana a nivel mundial.

