Mié. Jul 29th, 2026

A menos de 24 horas de su aprobación, la nueva normativa genera rechazo en sectores de la oposición y ONG. Analizamos por qué esta ley, limitada y condicionada, podría no ser el camino hacia la reconciliación nacional

Por Alberto García Sánchez

Nacionales

LA NUEVA ANTORCHA.— Un bautizo marcado por el escepticismo, porque no han pasado ni 24 horas desde que la Asamblea Nacional aprobó la Ley de Amnistía, y el ciudadano común ya la ha bautizado como una entelequia jurídica.

El sentimiento general es que esta norma no resuelve el problema de fondo del país: la necesidad de una paz social auténtica y un proceso electoral donde el soberano elija gobernantes legítimos sin ataduras.

​Alcances y exclusiones de la normativa

​La ley está limitada a 13 periodos de convulsión política ocurridos entre 1999 y 2026. Aunque su fin teórico es liberar a presos políticos y promover la reconciliación, el texto contiene exclusiones determinantes.

​La norma deja fuera explícitamente a quienes:

  • ​Promovieron o solicitaron intervenciones extranjeras.
  • ​Participaron en acciones armadas o de fuerza contra la soberanía venezolana.
  • ​Estén incursos en delitos de lesa humanidad, narcotráfico o violaciones graves a los derechos humanos.

​Una amnistía bajo condiciones críticas

​Aunque el Gobierno presenta este instrumento como un paso hacia el perdón mutuo, diversas ONG y líderes opositores denuncian que es una medida limitada y condicionada. Critican que se obligue a las víctimas a someterse a la justicia oficial antes de poder beneficiarse de cualquier medida de gracia.

​Específicamente, la exclusión de quienes son acusados de «pedir ayuda a potencias extranjeras» parece diseñada para mantener fuera del juego político a figuras clave que el oficialismo señala directamente.

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​Reacciones: El rechazo de María Corina Machado

​Las reacciones no se han hecho esperar. Líderes como María Corina Machado han rechazado la ley de forma categórica, argumentando que la normativa busca invalidar su participación en un proceso electoral verdaderamente libre.

​Para muchos sectores de la población, esta ley no es un puente, sino un muro que refuerza las inhabilitaciones actuales bajo un nuevo ropaje legal.

​¿Qué esperar del futuro inmediato?

​Habrá que esperar el transcurrir de los días para conocer el destino real de esta ley en la práctica. Por ahora, los presagios no son alentadores para quienes esperan una apertura democrática real.

​La gran interrogante que queda en el aire es: ¿Le pondrá Delcy Eloína el ejecútese definitivo? Como suele decirse en momentos de incertidumbre política: ¡Amanecerá y veremos! Que Dios bendiga a Venezuela.

Por: Albert Fecha: 20 de febrero de 2026