Jue. Jul 30th, 2026

Esta tradicional celebración, que concluye con una concurrida procesión, no es exclusiva de la capital, pues nuestro  país es profundamente católico

Con información de El Periódico

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LA NUEVA ANTORCHA.- En la Basílica Santa Teresa inició la procesión del Nazareno de San Pablo, una de las imágenes religiosas más veneradas en Venezuela; este Miércoles Santo miles de fieles se congregaron desde tempranas horas para rendir homenaje y acompañar la imagen en su recorrido por el centro de Caracas, donde la imagen fue decorada con más de cinco mil orquídeas que fueron entregadas por los devotos en días previos. 

El recorrido lleva al Nazareno desde la Basílica Santa Teresa hasta la Plaza Diego Ibarra, camino en el que atraviesa puntos emblemáticos como las esquinas La Palma, San Pablo, la avenida Universidad, Sucre, Plaza O’Leary y Avenida Oeste 8.

En este trayecto, la tradición se hizo presente con cantos y muestras de devoción, mientras los asistentes mantenían el orden gracias a un despliegue de más de 600 funcionarios de seguridad, entre efectivos policiales, bomberos, Protección Civil, entre otros.

Como parte de la jornada religiosa, la primera misa fue presidida por Fray José Juan de Paz, acompañado por otros sacerdotes de diversas parroquias y comunidades religiosas. Este acto litúrgico dio inicio a una jornada de plegarias y promesas que culminaría con la procesión, en la que el Nazareno viviría un reencuentro con la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, luego de 30 años.

La tradición del Nazareno de San Pablo se remonta al siglo XVII, con una talla en madera de pino flandes que ha generado gran devoción entre los habitantes de Caracas. Según la leyenda, su escultor habría tenido una visión de la imagen una vez terminada, con lo que se reforzó el carácter sagrado que los creyentes le atribuyen. Cada año, su salida procesional moviliza a miles de fieles, quienes cumplen promesas y acompañan la imagen en un recorrido de varias horas por la ciudad. 

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La Semana Santa en Caracas no sería la misma sin la procesión del Nazareno, cuya presencia en las calles reafirma una tradición de fe que continúa vigente a través de generaciones, como señal de agradecimiento, de esperanza y renovación espiritual. 

El Nazareno de San Pablo es una advocación de Jesús con la cruz a cuesta, rumbo al Gólgota o Calvario, sitio en las afueras de Jerusalén donde sería martirizado y crucificado.

Su imagen es venerada por los caraqueños en la Basílica de Santa Teresa, a la cual, cada Miércoles Santo, acuden miles de personas vestidas con un manto púrpura, tal como la icónica imagen del hijo del Señor, a cumplir las promesas formuladas en sus rogatorios y oraciones por la salud del penitente o de algún familiar suyo.

Esta tradicional celebración, que concluye con una concurrida procesión, no es exclusiva de la capital, pues nuestro  país es profundamente católico y en sus ciudades y pueblos se venera igualmente a Jesús cargando la cruz. Pero en estas pocas líneas nos enfocamos en la capital por circunstancias de particular relevancia, a saber, un par de tragedias y un poema de Andrés Eloy Blanco.

La mañana del 26 de marzo de 1902, durante la misa consagrada al Nazareno, y con la iglesia atestada de feligreses, alguien gritó: ¡Misericordia, temblor! Cundió, por supuesto, el pánico y la muchedumbre se lanzó a correr de un lado a otro, sin orden ni concierto, buscando todos al mismo tiempo la manera de salir de allí. El templo se vació, «sólo quedó el altozano alfombrado de paraguas y sombrillas, faldas y zapatos, carrieles y andaluzas e infinidad de cosas».

El saldo de ese incidente fue de 2 mujeres fallecidas y una treintena de heridos. Bastante menor al registrado el 9 de abril de 1952, mientras el padre Hortensio Carrillo oficiaba la misa de rigor a una apacible muchedumbre. De pronto, entre el rumor de plegarias, contenidas toses, intermitentes lloriqueos de arrepentimiento, y el ruido de bancos al ser desplazados de sus sitios, «una voz agria y masculina» exclamó: ¡Fuego! Entonces, se desató la debacle con el sincrónico patitas pa’ qué te quiero: 50 muertos y 115 heridos. La dictadura achacó el dramático episodio a la malévola mano peluda de adecos y comunistas.

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“El Limonero del Señor” se llama el poema del bardo cumanés y en una época era tan conocido como el objeto de sus versos —Un aguacero de plegarias/ asordó la Puerta Mayor/ y el Nazareno de San Pablo/salió otra vez en procesión—. Hoy, saldrá de nuevo a la calle, en hombros de los fieles, el Nazareno, ya no está el limonero. Pero su recuerdo perdura.