Jue. Sep 24th, 2026

Por Omar González Moreno

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA.- El tiranía criminal de Nicolás Maduro ha vuelto a mostrar su rostro más descarado y autoritario con la farsa que han bautizado como las elecciones regionales y parlamentarias del 25 de mayo.

Esta nueva maniobra no es más que un circo grotesco diseñado para enterrar la aplastante victoria de la oposición en las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, donde el pueblo venezolano, harto de miseria y represión, gritó con fuerza su deseo de cambio.

Pero Maduro y sus secuaces, expertos en burlarse de la democracia, no solo pretenden borrar esa derrota con un espectáculo electoral amañado, sino que han llevado su desfachatez a un nuevo nivel al violar flagrantemente la Constitución con cambios arbitrarios que buscan perpetuar el poder.

El colmo de esta guachafita es la decisión de aumentar el número de parlamentarios a la Asamblea Nacional a 285 diputados y crear una cuarta circunscripción, la llamada «circunscripción nacional», una aberración jurídica que no tiene sustento en el ordenamiento legal vigente.

La Constitución venezolana, aunque manoseada y pisoteada por la dictadura, es clara: las circunscripciones electorales están definidas en función de criterios poblacionales y geográficos, no de los caprichos de un régimen desesperado por aferrarse al poder.

Esta «circunscripción nacional» es un invento burdo, una artimaña para darle unas posiciones de utileria a los llamados «alacranes» viejos y nuevos y garantizar que el chavismo, derrotado en las urnas, pueda llenar el parlamento con más de las dos terceras partes con sus títeres a través de un sistema amañado.

El 28 de julio, el pueblo habló con una claridad demoledora.

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La oposición, unida y respaldada por millones de venezolanos, le propinó al régimen una paliza electoral que resonó en cada rincón del país y en la comunidad internacional.

Pero Maduro, incapaz de aceptar la derrota, ha respondido con su estrategia de siempre: manipulación, represión y violaciones constitucionales.

Las elecciones del 25 de mayo no son un ejercicio democrático; son una farsa para consolidar una Asamblea Nacional servil que aplauda las tropelías del régimen y le dé un barniz de legalidad a su dictadura.

Aumentar el número de diputados y crear circunscripciones ficticias no es solo un ataque a la oposición, sino un insulto a la inteligencia de un pueblo que ya no se deja engañar.

Esta maniobra también busca distraer la atención de los verdaderos problemas que ahogan a Venezuela: la hiperinflación que pulveriza los salarios, el colapso de los servicios públicos, la escasez de alimentos y medicinas, y la diáspora de millones que huyen de la miseria.

Mientras el régimen monta su circo electoral, los venezolanos siguen muriendo de hambre, de enfermedades curables y de falta de servicios básicos.

La guachafita del 25 de mayo no es solo un atentado contra la democracia; es una bofetada a un pueblo que merece respeto, justicia y libertad.

La comunidad debe alzar su voz con más fuerza que nunca. No basta con declaraciones tibias; es hora de acciones contundentes contra los responsables de esta farsa y de un rechazo unánime a cualquier resultado que surja de este proceso ilegítimo.

Y a los venezolanos, dentro y fuera del país, les decimos: no se rindan. La victoria del 28 de julio demostró que la fuerza del pueblo es más grande que cualquier trampa.

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El régimen puede inventar circunscripciones, manipular elecciones y pisotear la Constitución, pero no podrá apagar la voluntad de un pueblo que ya decidió ser libre.

Maduro, escucha bien: tus guachafitas no engañan a nadie. El 25 de mayo será recordado no como una mascarada electoral, sino como el día en que tu régimen mostró, una vez más, su verdadera cara: la de una dictadura acorralada, sin legitimidad y sin futuro.

¡El pueblo venezolano no se doblega!