Vie. Jul 31st, 2026

Por Juan Velásquez

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA.- Desde que Nicolás Maduro asumió la presidencia en 2013, la narrativa política en Venezuela se ha caracterizado por una constante: la concentración ininterrumpida y progresiva del poder. Lejos de observar una erosión de sus facultades, sus doce años en el cargo —el período más extenso en la era democrática del país— han significado la consolidación de un control casi total sobre todos los poderes públicos. Este dominio ha cimentado un verdadero «suprapoder interno», que opera al margen de los contrapesos institucionales básicos.

​La Ausencia de Garantías y el Control Institucional

​La pregunta clave no es qué garantías ha perdido Maduro, sino qué garantías ha mantenido o reforzado para sí mismo. La respuesta es contundente: ha mantenido el control pleno. A lo largo de sus dos mandatos, el Gobierno ha cooptado sistemáticamente las instituciones del Estado, asegurando la lealtad y la sumisión del Poder Judicial, el Poder Electoral y el Poder Ciudadano. Este control no solo se mantuvo, sino que se reforzó tras procesos electorales cuestionados, como la reciente votación del 28 de julio, cuya transparencia y legitimidad han sido ampliamente debatidas y señaladas como un fraude, consumando un control que muchos perciben como impuesto por la fuerza.

​El «Estado de Conmoción» como Realidad Cotidiana

​Más allá de las declaraciones formales, Venezuela vive en un «estado de conmoción» permanente, una situación que trasciende las fronteras internacionales (conmoción externa) y se incrusta en la vida diaria de sus ciudadanos (conmoción interna).

​Este estado de excepción no se decretó, sino que se materializó a través de políticas económicas y sociales que han destrozado el tejido productivo y la estabilidad financiera:

  • Conmoción Económica: Se inició con las expropiaciones de bienes privados y las confiscaciones arbitrarias sin el debido proceso, que diezmaron la producción nacional. Hoy, la conmoción se manifiesta en la pérdida catastrófica del valor adquisitivo del bolívar soberano, que ha convertido a Venezuela en la nación con el salario mínimo más bajo del mundo en términos reales.
  • Conmoción de la Paradoja: La economía ha creado una realidad esquizofrénica donde la población debe pagar bienes y servicios a precios anclados al dólar estadounidense ($), pero su ingreso y salario, si existe, se perciben en la devaluada moneda local, el bolívar.
  • Conmoción Social: La respuesta del Estado a esta crisis ha sido el establecimiento de un sistema de ayuda basado en bonos y dádivas, una estrategia que, aunque ofrece un paliativo inmediato, pulveriza el valor de los derechos laborales fundamentales como vacaciones, utilidades y liquidaciones, reduciéndolos a sumas miserables.
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​El Rol de la Asamblea Nacional

​En este contexto de «conmoción nacional» total, cabe preguntarse: ¿Qué puede hacer un diputado de la Asamblea Nacional ante un poder Ejecutivo que ha desbordado sus límites y opera en una lógica de poder absoluto? La capacidad de fiscalización y contrapeso del Parlamento se ve severamente limitada cuando la anuencia y el control se ejercen sobre las demás ramas del poder público.

​La firma de esta realidad, marcada por la permanencia, el control institucional, el fraude y la miseria económica, sella la tesis: la dictadura es total. Y en esta totalidad, la nación completa permanece sumida en un ineludible y prolongado estado de conmoción.