Mientras el debate político se centra en polémicas leyes de amnistía, las familias venezolanas enfrentan una crisis económica donde el salario mínimo apenas cubre el 10% de la canasta básica
Por Alberto García Sánchez
Regiones / Anzoátegui
LA NUEVA ANTORCHA.— La realidad económica en Venezuela ha dejado de ser una estadística en los informes financieros para convertirse en un drama humano que golpea directamente el estómago de la población. Con una inflación acumulada que superó el 150% en 2025 y un tipo de cambio que escala sin freno, los ciudadanos denuncian que viven bajo el yugo de un «verdugo silencioso» que desintegra el poder adquisitivo y fractura el núcleo familiar.
El colapso del poder adquisitivo
La brecha entre el costo de la vida y los ingresos formales es abismal. Mientras el dólar paralelo supera los 50 bolívares, el salario mínimo oficial se mantiene congelado en torno a los 130 bolívares (aproximadamente 5 dólares mensuales). Esta cifra, calificada por los trabajadores como una «burla cruel», obliga a un empleado a laborar casi un mes entero para adquirir apenas un cartón de huevos o un saco de harina.
En sectores populares de Barcelona y Puerto La Cruz, la escena es recurrente: madres que intentan estirar ingresos devaluados para alimentar a niños que asisten a clases sin merienda. Productos básicos como el arroz han registrado incrementos de hasta un 20% en una sola semana, convirtiendo la dieta diaria en un lujo inalcanzable.
Distracción política y maniobras legislativas
El descontento social se agrava ante lo que muchos consideran una desconexión de la clase política. Mientras la sociedad civil lucha por la libertad de los presos políticos, desde la Asamblea Nacional se impulsan estrategias para una Ley de Amnistía que ha generado profunda indignación.
Críticos y defensores de derechos humanos advierten que esta medida pretende otorgar perdón a «carceleros y autores intelectuales» de la represión contra estudiantes y líderes sociales. «Los delitos de lesa humanidad no prescriben», recuerdan las voces disidentes, señalando que estas maniobras políticas solo sirven para ignorar el hambre que ronda los hogares venezolanos.
Un modelo agotado
La dependencia de las importaciones y la emisión de moneda sin respaldo productivo mantienen al país en un círculo vicioso. Expertos y ciudadanos coinciden en que la solución requiere un cambio estructural urgente que incluya:
- Diversificación de la economía para reducir la dependencia petrolera.
- Recuperación de la producción nacional para frenar la inflación importada.
- Indexación salarial que responda a la realidad del costo de la vida en dólares.
La Venezuela trabajadora —desde el pescador de las costas orientales hasta el maestro de aula— exige aire. La crisis no solo está vaciando las despensas, sino que amenaza con hipotecar el futuro de una generación que crece entre la escasez y la incertidumbre.

