Por Asunción Mota
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.- La historia no es letra muerta, la historia es el vértice de las interpretaciones comparativas, porque es la historia misma la crea las condiciones fundamentales para focalizar la dinámica del futuro.
En el Último año de gobierno de Antonio Guzmán Blanco. En honor a la celebración de los 78, aniversario de la instalación de la Junta de gobierno de la provincia de Barcelona, en apoyo a la Junta Suprema de Caracas, se inauguró el puente Simón Bolívar de la provincia de Barcelona.
La historia dice, que el 27 de abril de 1888 el Puente San Felipe que cruza al Río Neverí a su paso por Barcelona fue bautizado con el nombre de Puente Simón Bolívar en ocasión de la inauguración de sus actuales estructuras de hierro.
También señala que el armazón de ese histórico puente fue comprada en Francia y trasladada en un barco de vapor primero a Puerto Cabello y luego al Puerto de El Rincón en la provincia de Barcelona.
Lo que pocas personas saben es que esa armazón de hierro fue construida en la misma fábrica y al mismo tiempo que la Torre Eiffel de París y la Estatua la Libertad ubicada en la Isla Ellis, entre Nueva Jersey – Nueva York, en los Estados Unidos de Norteamérica.

Efectivamente, la actual estructura de hierro que soporta el Puente Simón Bolívar de Barcelona fue hecha entre los años 1887 y 1888, en la misma fábrica francesa donde el arquitecto Alejandro Gustavo Eiffel construyó la torre que lleva su nombre, así como la Estatua de la Libertad.
Inicialmente ese puente sobre el río Neverí era de madera y fue instalado en el año 1796, por disposición del entonces gobernador de la Provincia de Cumaná, Saint Just.
En 1820 esa misma conexión fue destruida por las fuerzas realistas para evitar que el ejército patriota tomara las instalaciones de la cárcel de Barcelona, donde se encontraban refugiados quienes defendían a la corona española.
Numerosas fueron las reconstrucciones que se hicieron a ese enlace entre las parroquias El Carmen y San Cristóbal de la ciudad de Barcelona hasta que, finalmente, el 27 de abril de 1888, fue inaugurada la actual estructura de hierro, cuyas vigas y remaches fueron hechas en la referida fabrica francesa.
Lo curioso es que eso ocurría mientras en ese taller también se fraguaba la Torre Eiffel para conmemorar los cien años de la Revolución Francesa en la exposición universal de 1889, una torre de 300 metros de altura y con un peso de más de 10 mil toneladas; y donde al mismo tiempo se construía una dama de dimensiones colosales llamada la Estatua de la Libertad, que iba a ser regalada a los Estados Unidos por el pueblo francés como símbolo de amistad.
Las tres obras, ciertamente, han resistido el paso del tiempo, aunque es más que evidente, que el Puente Simón Bolívar de Barcelona, no ha recibido ni remotamente el mismo tratamiento, ni mucho menos se le ha dado la misma importancia que a la Torre Eiffel de Paris o la estatua de la Libertad de Nueva York, a pesar de su origen común.
Ni siquiera porque sobre esa pasarela del Río Neverí en Barcelona el Libertador Simón Bolívar se dio el histórico abrazo de reconciliación con el General José Francisco Bermúdez, a quien en ese momento denominó como el Libertador del Libertador.
Tal vez de ahora en adelante, cuando alguien cruce el puente Simón Bolívar de Barcelona, recuerde que fue el primer puente sobre el río Neverí, que allí ocurrió el histórico abrazo entre Bolívar y Bermúdez y que esa obra la hicieron los mismos constructores de la Torre Eiffel de Paris y la Estatua de la Libertad de Nueva York.

