Frente a la compleja coyuntura política y las tensiones geopolíticas que atraviesa Venezuela, se vuelve imprescindible encauzar el descontento colectivo hacia la articulación ciudadana, el análisis crítico y la defensa irrestricta de la soberanía
Con información de Nota de Prensa
Nacionales
LA NUEVA ANTORCHA. — Es momento de una confesión: mi estado de ánimo actual es un tejido de sentimientos contradictorios que coexisten y se manifiestan en simultáneo, expresó AMiguel Vásquez luchador social y político.
Rabia, impotencia, paciencia, esperanza, análisis crítico de la realidad, el venezolanismo como norte franco, la urgencia de un activismo ciudadano a escala nacional y la añoranza por una unidad real y permanente. En definitiva —y esto lo mantengo con absoluta firmeza—, la nación debe ubicarse por encima de cualquier diferencia, más allá de consignas retóricas, dijo.
Siento el peso de estas dinámicas emocionales y reflexivas casi al unísono. Intento priorizarlas para encauzarlas en la secuencia adecuada. Estamos, sin duda, ante una síntesis de contrarios dentro de una coyuntura nacional de extrema complejidad. Lejos de ser un motivo para el desaliento o el pesimismo paralizante, este escenario debe actuar como catalizador para reordenar la lucha por una Venezuela próspera y justa para sus ciudadanos en el corto, mediano y largo plazo, adudjo.
Sé que no soy el único que atraviesa esta encrucijada interior, aunque resulte difícil cuantificar cuántos compartimos esta perspectiva. Lo imperativo es visibilizar este sentir común. Quienes albergamos estas inquietudes representamos una fuerza significativa que debe sumar esfuerzos tangibles para encontrarse, multiplicarse y articular tanto la teoría como la práctica. Solo así lograremos que nuestras propuestas sean escuchadas e incorporadas en las respuestas estructurales que requiere el país en este proceso de reconstrucción institucional, económica, política y social. No callemos el sentir colectivo; expresémonos con la claridad, firmeza, dignidad e institucionalidad que el momento exige, precisó.
El mapa de nuestras realidades y certezas
- La indignación frente al avasallamiento: Produce una profunda rabia constatar de manera directa la tutela y el ultraje de un gobierno extranjero sobre nuestra soberanía nacional.
- La impotencia ante lo inmediato: Resulta frustrante la imposibilidad de reaccionar de forma inmediata y con la contundencia que exige la conciencia soberana para despojarnos de la injerencia e imposiciones de la administración estadounidense.
- La paciencia estratégica: La sabiduría popular enseña que la paciencia es un árbol de raíces amargas pero de frutos dulces. Nos corresponde navegar en la cresta de una ola convulsa. El camino demanda luchas sostenidas, superación de errores, acumulación de fuerzas y consolidación de victorias tácticas en defensa de la causa venezolana frente al asedio imperial.
- La inclusión frente al sectarismo: La descalificación sistemática hacia otros venezolanos con los que no coincidimos tácticamente, así como los discursos supranacionalistas que pretenden monopolizar el patriotismo, contrastan con la madurez inclusiva que exige esta causa. Liberar a Venezuela de presiones externas implica asumir la diplomacia de paz e inteligencia legada por la gesta independentista de Simón Bolívar.
- Una esperanza fundamentada: La esperanza debe acompañar cada jornada de resistencia nacional. Confiamos en que, paso a paso, se consolide la unión mediante propuestas programáticas que abarquen a todos los sectores. Asimismo, es vital que el gobierno al frente de la doctora Delcy Rodríguez —a pesar de las complejas relaciones diplomáticas con EE. UU. que demandan prudencia y sentido práctico— mantenga incólume el principio innegociable de la independencia nacional, respaldando la articulación de todos los compatriotas que abogan por superar este escenario de injerencia.
- El análisis crítico como brújula: El análisis objetivo de la realidad, despojado de extremismos e inmediatismos, es la herramienta que nos permitirá avanzar con firmeza sobre un terreno geopolítico minado.
- El venezolanismo como motor central: Más allá de identidades ideológicas particulares, el venezolanismo en su máxima expresión debe constituir la fuerza motriz de la verdadera unidad nacional.
Hacia la convergencia nacional
Un activismo ciudadano sostenido en los ámbitos social y político, guiado por metas y planes preconcebidos, debe marcar la pauta frente a la confusión o la rabia colectiva.
Todos los actores organizados, los liderazgos de la sociedad civil y el gobierno nacional debemos confluir en un esfuerzo unitario por la liberación nacional, la democracia y el progreso. Quienes comprendemos la magnitud de este desafío tenemos el deber de actuar inmediatamente: el presente y el futuro de la patria demandan un compromiso venezolanista e irreversible.

