Sáb. Ago 1st, 2026

«Yo no puedo acompañar a un hombre que ha decidido entregar las llaves del país a un modelo fracasado (el de Fidel Castro)», esto se convirtió en el sentimiento implícito de su retiro del gobierno. Venezuela y el Proyecto Bolivariano hubiesen tenido un mejor destino con Luis Miquilena al frente

Por William Miquilena / CNP 9.192

Nacionales

LA NUEVA ANTORCHA.— Pocos hombres en la historia contemporánea de Venezuela han tenido la capacidad de balancear el destino del país sobre la palma de su mano con la destreza de Don Luis Miquilena (1919–2016). Sindicalista, editor, empresario y estratega, su vida no fue solo una carrera política, sino una crónica de la lucha por el futuro de los venezolanos y la posterior decepción ante el giro de su más grande creación política.

Ante su mirada, Luis Miquilena vio cómo un líder que llegaba al poder, Hugo Chávez Frías, con sus promesas democráticas, terminó mimetizándose con modelos dictatoriales. Miquilena explicó muy bien esa transición ideológica y el uso de la figura de Castro como mentor del «teniente coronel».

La cercanía del teniente coronel Hugo Chávez Frías con el dictador Fidel Castro terminó en el distanciamiento.

Esa contradicción entre el discurso y la realidad marcó el punto de inflexión más dramático en la historia política reciente del país. Al inicio de su mandato, Hugo Chávez proyectaba una imagen de autonomía nacionalista, resumida en su famosa declaración ante la prensa internacional donde aseguraba que Venezuela no seguiría el camino de la isla.

Sin embargo, la realidad pragmática de su gestión terminó por desmentirlo. La cercanía con Fidel Castro trascendió la simple diplomacia para convertirse en una asimilación estructural: el modelo cubano de control social, la penetración de la inteligencia militar de La Habana en las instituciones venezolanas y la dependencia del petróleo a cambio de servicios profesionales transformaron la soberanía de la nación.

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Lo que para Chávez comenzó como una asesoría ideológica, para observadores como Luis Miquilena fue una capitulación que terminó por «cubanizar» el Estado venezolano, fracturando la promesa original de una democracia original y participativa para dar paso a un esquema de autoritarismo centralizado.

No obstante, hay que extraer del propio Fidel Castro, las palabras que pronunció durante una entrevista realizada en el canal informativo internacional CNN en Español, donde dijo textualmente que «Venezuela no es Cuba, ni los venezolanos cubanos», lo cual de convierte en una especie de profecía del dictador cubano con la realidad que actualmente vive Venezuela, que trata de salir del ruralismo y las falsas promesas donde fue sumergida.

​El hombre de las mil batallas

​Miquilena no fue un actor de reparto. Su influencia se extendió por más de siete décadas, comenzando en la clandestinidad de los años 40 y 50, donde arriesgó la vida combatiendo dictaduras. Su temple se forjó en la resistencia, lo que lo llevó a ser un copartícipe fundamental en la Constitución de 1961, el marco jurídico que sostuvo la democracia venezolana durante cuarenta años.

​Sin embargo, su nombre quedó grabado en la historia como el «arquitecto» detrás del ascenso de Hugo Chávez Frías. Con una visión pragmática y un olfato político inigualable, Miquilena transformó al teniente coronel del 4 de febrero en un candidato presidencial viable, pavimentando su camino hacia Miraflores en 1998.

​La Constitución del 99: Su obra cumbre

​Como presidente de la Asamblea Nacional Constituyente de 1999, Miquilena dirigió la redacción de la actual Carta Magna. En aquel momento, se le veía como el mentor, la voz de la experiencia que guiaba el ímpetu revolucionario hacia un cauce institucional. Bajo su mando, se prometió una refundación de la República que buscaba justicia social y modernización.

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​El quiebre: El factor Fidel Castro

​La ruptura entre el mentor y el pupilo no fue un evento repentino, sino un proceso de erosión ética. El punto de no retorno llegó cuando Miquilena detectó que el proyecto original se desvirtuaba. La creciente influencia de Fidel Castro en las decisiones de Estado y la aceptación sumisa de Chávez ante la asesoría del dictador cubano fueron inaceptables para el viejo estratega.

​Miquilena, quien conocía bien los peligros del autoritarismo, advirtió que el acercamiento a La Habana no era una alianza estratégica, sino una entrega de soberanía y un giro hacia un modelo que él, como luchador democrático, no podía respaldar. Su distanciamiento marcó el inicio de una de las oposiciones más lúcidas y críticas desde el propio seno de la izquierda fundacional.

«Yo no puedo acompañar a un hombre que ha decidido entregar las llaves del país a un modelo fracasado», se convirtió en el sentimiento implícito de su retiro del gobierno.

​Un legado para la geopolítica regional

​Luis Miquilena falleció en 2016, dejando tras de sí un vacío en la política de altura. Su figura es central para entender la geopolítica actual de América Latina: representa la transición del entusiasmo democrático al desencanto del autoritarismo del siglo XXI.

​Su vida es el testimonio de un hombre que ayudó a construir un sistema, ayudó a derribarlo para crear uno nuevo, y tuvo la honestidad política de denunciar este último cuando se convirtió en aquello que él siempre juró combatir.