Por Alberto García Sánchez
Regiones / Sucre
LA NUEVA ANTORCHA.— El pentagrama musical venezolano y la inmensa geografía oriental enfrentan hoy un silencio conmovedor. Se ha confirmado la desaparición física del gran Hernán Marín, quien fue sorprendido por un accidente cerebrovascular que le arrebató la vida, apagando su pasión por el canto pero encendiendo la llama eterna de su legado.
Bautizado por el mismo pueblo que lo vio nacer, crecer y triunfar como «El Rey del Estribillo», Marín deja un vacío irremplazable en la cultura popular. Su figura trascendió los escenarios para convertirse en un símbolo de identidad; cada vez que hombres y mujeres de Cumaná y Margarita lo veían entonando sus estribillos, su respuesta era una silenciosa media sonrisa que recorría su alma, una humilde señal de agradecimiento ante el aplauso de su gente.
Un legado sembrado en la tierra
Hernán Marín fue un cultor popular excepcional. Su método de composición era tan orgánico como la tierra que amaba: fijaba su mirada en el paisaje oriental para improvisar versos que, con maestría, convertía en exitosos temas musicales. Logró lo que pocos alcanzan: que cada estribillo fuera un sentimiento aliado al amor y a la naturaleza.
Su partida representa una profunda pérdida para la música y la identidad regional. Marín no fue solo un músico; fue un verdadero embajador de la cultura oriental. Su obra se erige como un himno vivo que continúa resonando en el corazón de cumaneses y margariteños, sirviendo de testimonio del arraigo cultural tan necesario en estos tiempos difíciles.
El dolor de un pueblo y la herencia del canto
Las lágrimas que hoy brotan de las lindas cumanesas y margariteñas no son suficientes para reflejar el dolor que embarga a la región. Jóvenes y adultos se unen al duelo en señal de querencia hacia un poeta cuya mayor fuente de inspiración fue siempre la naturaleza.
Aunque su muerte deja un silencio en el joropo y en la música folclórica, nos deja también una herencia inquebrantable. Su legado nos invita a encontrar en su música un refugio y un puente hacia nuestras raíces.
Desde la redacción de esta nota, hacemos un llamado a que, en el recuerdo de Hernán Marín, encontremos la fortaleza para honrar su memoria con melodías que celebren la vida, el amor y la naturaleza, tal como él lo hizo. Su esencia permanece no solo en sus estribillos, sino en la inspiración que otorga a quienes aman y valoran su cultura ancestral.
Descansa en paz, Rey del Estribillo.

