Por: Juan Velásquez
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.— El progreso de una nación avanza al ritmo que marcan sus dirigentes. Su alcance está intrínsecamente ligado al desarrollo armónico de la educación, la ética, la moral y la participación ciudadana. El ser humano es el sujeto capaz de cambiar el curso de la historia; no a través de un hecho aislado, sino mediante un proceso continuo de construcción social.
Debemos seguir el ejemplo de quienes nos precedieron. Incluso Bolívar recurrió al apoyo de fuerzas extranjeras: hombres de otras tierras que entregaron su vida por nuestra independencia.
En la actualidad, esa visión estratégica se manifiesta nuevamente. Donald Trump, con su enfoque pragmático de hombre de negocios, ha comprendido que los hidrocarburos y minerales críticos o tierras raras de nuestro suelo son vitales para la estabilidad y el bienestar de su nación. Bajo esa premisa, ha procedido a respaldar nuestra liberación de la tiranía y de la explotación humana impuesta por quienes hoy usurpan el poder.
La administración de los 500 millones de dólares por parte de los Estados Unidos constituye una garantía frente a la malversación sistemática de la delincuencia organizada que impera en el gobierno. Si el fin es la libertad, los medios se justifican.
En este espacio se respeta y valora la labor de Trump, María Corina Machado y Enrique Márquez. Sigamos el ejemplo de determinación de estos líderes en la ruta hacia la refundación de la Sexta República.

