Por Juan Velásquez
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.— La advertencia de Carlos Andrés Pérez fue profética: si el chavismo llegaba al poder, Venezuela sucumbiría ante una dictadura. Hoy, al observar el rastro de los últimos 37 años, vemos una cronología de quiebre que inició con el «Caracazo» en febrero de 1989 y se selló con los cruentos intentos de golpe de Estado del 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992. Aquellos eventos fueron la herida mortal para un sistema democrático que, pese a sus fallas, garantizaba libertades hoy inexistentes.
En 1993, la mezquindad de la partidocracia de la época, cegada por intereses inmediatos, sometió a Pérez a un juicio político que fragmentó la institucionalidad. Aquella frase del mandatario resuena todavía con dolor: «Hubiese preferido otro tipo de muerte». Al conspirar contra la estabilidad del sistema por rencores partidistas, la vieja política pavimentó el camino hacia su propia desaparición y la tragedia nacional que vivimos.
El camino hacia la reconstrucción
Tras años de deriva bajo la llamada «Revolución», el panorama actual plantea una ruta de rescate respaldada por la comunidad internacional. La estrategia propuesta para la recuperación del país se fundamenta en tres pilares esenciales:
- Estabilización del Estado.
- Recuperación económica sostenida.
- Transición política democrática.
Para reactivar el aparato productivo y atraer el capital extranjero, es imperativo restituir el Estado de derecho. La confianza de los inversionistas solo se recuperará mediante garantías jurídicas sólidas que permitan resarcir los daños causados por años de expropiaciones arbitrarias.
Justicia y Repatriación
La resolución de la deuda pendiente que la administración actual dejó de honrar es un paso crítico. El compromiso con los sectores estratégicos, como el petrolero, es vital para encender de nuevo los motores de nuestra economía.
Finalmente, la justicia debe ser global. El bloqueo, la incautación y el decomiso de capitales malversados por la cúpula gobernante en cuentas internacionales —desde Suiza hasta otros paraísos fiscales— deben concluir en la repatriación total de esos fondos. Esos recursos pertenecen a los venezolanos y deben transformarse urgentemente en bienes, servicios y progreso para la nación.
¡Gloria al Bravo Pueblo!

