Por: Unidad de Análisis Histórico-Político
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Nacionales
LA NUEVA ANTORCHA.— La reciente captura de Nicolás Maduro Moros no solo marca un hito judicial, sino que cierra uno de los capítulos más oscuros de la historia económica moderna en Venezuela y en el mundo.
Con un rechazo popular que superaba el 85%, la gestión de Maduro sucumbió ante la misma fórmula que derribó a dictaduras en el pasado: el divorcio total entre la retórica oficial y el bolsillo del ciudadano.
El fracaso de la «Economía de Burlas»
A diferencia de otros regímenes autoritarios que logran mantener estabilidad macroeconómica a costa de libertades, el modelo de Maduro se caracterizó por una gestión errática y burlesca.
La bandera del «Cero mata Cero», que pretendía simplificar la moneda eliminando dígitos sin atacar la hiperinflación, quedó grabada en la memoria colectiva como el símbolo de un fracaso rotundo.
- Salarios de miseria: Mientras el dólar mantenía su ascenso imparable, el salario mínimo venezolano se convirtió en el más bajo de la región, empujando a millones de familias a la pobreza extrema y al éxodo masivo.
- Políticas fallidas: Los controles de precios, la destrucción del aparato productivo y las constantes «burlas» en cadena nacional sobre la crisis alimentaria minaron la base social del chavismo, dejando al régimen sostenido únicamente por el aparato represivo.
Lecciones de la historia: Cuando el pueblo dice «basta»
El caso venezolano guarda paralelismos directos con otros procesos históricos donde el colapso económico fue el catalizador del cambio:
- Rumanía (1989): Nicolae Ceaușescu impuso políticas de austeridad extrema mientras vivía en la opulencia. El rechazo popular explotó cuando el hambre superó el miedo, terminando con su régimen en cuestión de días.
- Zimbabue (2017): Robert Mugabe, tras décadas de hiperinflación y una moneda sin valor, perdió el apoyo del cuadro militar que ya no podía sostener una economía en ruinas.
- Venezuela (2026): Al igual que en estos casos, la desconexión de Maduro con la realidad del venezolano común —quien veía cómo su trabajo no alcanzaba para comprar lo básico— selló su destino mucho antes de su captura.
La esperanza de una «Venezuela Posible»
A pesar de la incertidumbre política actual, el sentimiento predominante en las calles de Venezuela es de esperanza contenida. El fin del madurismo representa para la mayoría el cierre de una etapa de escasez y humillación económica.
»No se trata solo de un cambio de caras, se trata de volver a tener un país donde el trabajo valga y el futuro sea predecible», comentan ciudadanos en las principales plazas del país.
El gran reto para la nueva administración —sea civil o de transición— será consolidar un modelo que garantice bienestar, estabilidad y desarrollo, alejándose de los experimentos fallidos que destruyeron el poder adquisitivo del venezolano.

