En una entrevista con El País de España, el trabajador humanitario relató los 16 meses que pasó detenido sin pruebas, acusado de terrorismo y de ser un supuesto “mercenario” por el gobierno venezolano
Con información de El Nacional
Internacionales
LA NUEVA ANTORCHA.— Manuel Tique, de 33 años, el único colombiano liberado por las autoridades venezolanas en las últimas semanas, rompió el silencio tras su salida de la cárcel de máxima seguridad El Rodeo I.
En una entrevista con El País de España, el trabajador humanitario relató los 16 meses que pasó detenido sin pruebas, acusado de terrorismo y de ser un supuesto “mercenario” por el gobierno venezolano. Tique aseguró que se enteró de la caída de Nicolás Maduro una semana después que el resto del mundo, a través del diminuto agujero que funcionaba como letrina en su celda.
Su detención ocurrió en septiembre de 2024, cuando ingresó al estado Apure —limítrofe con Colombia— para cumplir labores de capacitación vinculadas a su trabajo con el Consejo Danés para Refugiados (DRC).
“Fue un secuestro. Nunca me sellaron el pasaporte. No sabía por qué estaba preso y pensé que podía deberse a un tema migratorio”, narró el colombiano al medio español. En El Rodeo I, describe, vivió hacinado en un cuarto de 4×2 metros con hedor a desechos humanos y plagas constantes de cucarachas. Durante los primeros 22 días no salió de la celda y recibía la comida por una pequeña abertura en la puerta.
La acusación formal llegó meses después, cuando el ministro del Interior, Diosdado Cabello, lo señaló públicamente de financiar y asociarse con grupos terroristas. Tique afirma que nunca pudo ver el video de esa comparecencia televisada.
Liberaciones con cuentagotas
Según organizaciones civiles citadas por El País, desde el 8 de enero las autoridades venezolanas han excarcelado a más de 300 presos políticos en medio de presiones militares y económicas tras la caída de Maduro. Entre ellos han salido españoles, italianos, holandeses y estadounidenses. Pero solo un colombiano: Manuel Tique.
“Veíamos que empezaban a salir personas de todas las nacionalidades, menos nosotros. Fue muy gratificante ver a los compatriotas salir, pero también frustrante ver que muchos seguíamos allí”, sostuvo.
La liberación de Tique ocurrió de manera inesperada. “Creía que me iban a reprender. No salí ni con zapatos, sino con chanclas”, recordó. Tras su salida de El Rodeo, fue llevado a una estación de la Dgcim, donde asegura que fue obligado a grabar un video diciendo que no se habían violado sus derechos.
El País recuerda que varias ONG —incluyendo Amnistía Internacional y la Organización Mundial Contra la Tortura— han denunciado condiciones “crueles, inhumanas y degradantes” en El Rodeo I, que en ciertos casos “podrían constituir tortura”.
Tique respalda esos señalamientos: relata que durante una protesta pacífica, antimotines lanzaron gas pimienta directamente a su celda. “Se me dificultó respirar. Aun así, creo que mantener un bajo perfil me salvó de la celda de castigo”, contó.
Para sobrellevar el encierro, él y otros presos fabricaron juegos como ajedrez y parqués tallando piezas con jabón.
El colombiano llegó a Cúcuta la semana pasada y se reencontró con su familia en Bogotá. Sin embargo, afirma que las emociones siguen mezcladas: “No duermo pensando en los que siguen encerrados. Sé lo que están viviendo. Mi familia dice que es un milagro que yo esté fuera”.
La Asamblea Nacional (AN) aprobó recientemente una ley de amnistía que podría beneficiar a algunos de los presos políticos colombianos, aunque cada caso deberá ser evaluado por tribunales.

