Jue. Jul 30th, 2026

Por Ronny Leonardo Padrón Pérez

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA.- ¨El mejor truco del diablo fue convencer al mundo de que no existía¨. Charles Pierre Baudelaire, poeta francés. Frase que encaja al dedillo con la política mundial en general y con la República de Venezuela en lo particular. Desde hace un tiempo para acá, en medio de la intelectualidad global se ha venido consolidando un postulado según el cual las ideologías políticas carecen de sentido y por ende solo procede orientar acciones de gobierno con base al pragmatismo de lo funcional.

Lo anterior, más allá de una presumible buena intención devino en instrumento eficaz para el ascenso de nuevas tiranías considerando como fuere que la mejor defensa contra el mal descansa precisamente en esa capacidad de apuntalar los fundamentos del buen obrar, en este caso al sistema democrático de libertades. Atestiguamos entonces como en los últimos 40 años, pasada la Guerra Fría, esa tolerancia internacional ante regímenes contrarios a la democracia, es la regla, siempre en aras de preservar una paz así esta fuere muy injusta.

Comprendemos entonces el ascenso y consolidación política de regímenes como el de Vladimir Putin en la Federación de Rusia y las del llamado progresismo latinoamericano en México, Nicaragua, Bolivia y Venezuela, procuradoras de un relativismo político que tolera desmanes escandalosos a cambio de falsas concordias.

Muy tarde caímos en cuenta que ese pragmatismo político edulcorado con vocación social no era más que una receta actualizada del sempiterno colectivismo, ahora bajo denominaciones estimulantes como: progresismo, humanismo social, o el nuevo nacionalismo, continuadoras de la saga fascista, socialista y nacionalsocialista; esclavizador de pueblos enteros seducidos por clásicas promesas de igualdad económica, dominación violenta y control estatal de la propiedad.

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Bastará con observar al déspota ruso justificando públicamente su guerra de agresión contra Ucrania, a Claudia Sheinbaum elogiando a regímenes de facto como el de Cuba, Nicaragua y Bolivia o bien a un Luis Inacio ¨Lula¨ Da Silva, totalmente indiferente ante el genocidio que diezma a nuestra República de Venezuela, para comprender entonces que la supervivencia humana está condicionada por nuestra disposición a educarnos sobre la pertinencia democrática como instrumento político capaz de garantizar la plena vigencia de los derechos humanos, en paralelo a un desarrollo económico sustentable. Prohibido olvidar. Oración y trabajo.
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