Por Ronny Leonardo Padrón Pérez
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.- Situación más común de lo previsto. Porque si bien es cierto que un liderazgo político promedio requiere de una variedad de factores para su total consolidación, a saber: solvencia ética, intelectual, económica; no lo es menos que la sola capacidad de agradar sigue siendo un elemento que determina con demasiada frecuencia el destino dirigencial, llegando a extremos donde el solo carisma alcanza para definir victorias, generalmente efímeras a costa de un ocaso prolongado para aquellos pueblos desprevenidos que sucumbieron ante el solo encanto.
Como tantas veces cuando se trata de los talentos, la complicación dice presente debido a esa natural propensión humana por el desorden egoísta encauzando capacidades, derivando con demasiada frecuencia en tragedias, ampliamente descritas por la historia de la humanidad. Llámense monarquías, democracias o tiranías el líder carismático es fuerza natural también de la actividad política. Con los años, la sociedad humana aprendió a encauzar con algún nivel de eficiencia el fenómeno carismático.
Así entonces hoy es práctica común en sociedades civilizadas someter al más riguroso de los escrutinios el accionar público de todo dirigente destacado por ese don. Porque es necesario llegar a calibrar en justa medida la calidad de un liderazgo, algo solo posible cuando se le somete bajo el tamiz de los méritos comprobados.
Los pueblos que ayer cedieron ante los efluvios del carisma infundado, hoy son plañideras de su voluntario desatino. Oración y trabajo.
caballeropercivall@gmail.com

