Jue. Jul 23rd, 2026

Por Ronny Leonardo Padrón Pérez

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA. — En Venezuela, el descrédito público de las instituciones militares y policiales comenzó a gestarse en la década de 1980, como consecuencia del deterioro institucional sistémico derivado de la estatización de la industria petrolera, concretada el 1 de enero de 1976. A partir de ese hito, el respeto y la consideración ciudadana hacia las fuerzas armadas —otrora subordinadas al orden institucional de la República de Venezuela— cedieron paso a un paulatino rechazo popular, al ser percibidas como beneficiarias ilegítimas de la renta nacional bajo el amparo del uso reglamentario de la fuerza.

​Sin embargo, fue a partir del 2 de febrero de 1999 cuando ambas instituciones iniciaron un proceso de mercantilización estructural, impulsado por el Ejecutivo entrante y consolidado tras los acontecimientos del 11 de abril de 2002. En la actualidad, resulta innegable el grado de compromiso institucional en la defensa armada de un régimen de facto de corte socialista, el cual ha sido señalado por la persecución y el exterminio sistemático de venezolanos por razones políticas.

​A este panorama se suma el uso del chantaje estratégico frente a los actores internacionales que tutelan la transición democrática en el país. Dichas organizaciones instrumentan la amenaza velada de desencadenar violencia criminal generalizada ante un eventual restablecimiento del orden constitucional, en lugar de actuar como facilitadores del proceso, como correspondería a actores políticos comprometidos con la soberanía nacional. No obstante, la conducta de estos sectores responde estrictamente a dinámicas al margen de la ética republicana.

​Bajo estas premisas, resulta inviable garantizar la seguridad democrática en el nuevo Estado venezolano apoyándose en la estructura burocrática del régimen saliente. De igual forma, será imposible lograr la restauración constitucional plena mientras subsista una fuerza militar y policial subordinada al crimen organizado transnacional.

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​Prohibido olvidar. Oración y trabajo.

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