Jue. Jul 30th, 2026

Por Ronny Leonardo Padrón Pérez

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA.— Al cumplirse un nuevo aniversario de los sucesos de abril de 2002, el análisis de Ronny Leonardo Padrón Pérez desentraña la responsabilidad histórica de las fuerzas de seguridad en la crisis institucional venezolana. El texto reflexiona sobre cómo la omisión del deber constitucional en aquel entonces sentó las bases para el actual rol de las instituciones militares y policiales, planteando un serio interrogante sobre su lugar en una futura reconstrucción republicana.

​El refrán popular «de aquellos polvos vienen estos lodos» cobra una vigencia devastadora al analizar la historia contemporánea de Venezuela. Los lodos de hoy solo sirven para perpetuar la vergüenza de lo ocurrido hace más de dos décadas. Resulta imposible olvidar que el 11 de abril de 2002 representó, quizás, la oportunidad más clara para restaurar a plenitud el orden constitucional que había sido quebrantado el 30 de diciembre de 1999. Sin embargo, tanto aquel momento como este presente en 2026, están definidos por una constante: la negativa de las fuerzas militares y policiales a cumplir con su deber de restablecer la vigencia de la Carta Magna.

​El despropósito castrense manifestado en 2002 no fue un evento aislado, sino un presagio del desastre institucional que estaba por venir. Si analizamos los hechos con rigor, el acto de retornar al poder a un presidente que había renunciado públicamente fue apenas el «abrebocas» de una degradación sistemática. Hoy, nos encontramos con una institución que ha sido calificada como una organización delictiva organizada por numerosos tribunales extranjeros, marcando un punto de no retorno en la confianza ciudadana y el prestigio internacional.

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​A partir de ese quiebre, sobran las palabras para describir el rol despreciable que han asumido estas fuerzas. Lejos de ser los guardianes de la soberanía, se han convertido en un brazo armado y copartícipe necesario del régimen político socialista. Su función actual se limita a ser el único garante de un sistema que continúa destruyendo los cimientos de la República de Venezuela, actuando con total impunidad frente al sufrimiento de la nación.

​Ante este panorama, surge una pregunta inevitable y dolorosa: ¿Qué participación se le podría conceder a estos individuos dentro de un Estado nacional en una República de Venezuela plenamente restaurada? Es difícil hallar una respuesta cuando se observa a funcionarios capaces de consentir, mediante el uso de sus armas de reglamento, la esclavitud y el exterminio de un país entero en favor de una ideología de poder.

​La reflexión final nos conduce a un camino de introspección y acción ciudadana. La reconstrucción de la dignidad nacional requerirá no solo de justicia, sino de un cambio profundo en la estructura de valores de quienes portan el uniforme. Por ahora, ante la magnitud de la crisis y la entrega de las instituciones, solo queda la convicción de la oración y el rigor del trabajo constante por el rescate de la libertad.

Autor: Ronny Leonardo Padrón Pérez

Contacto: caballeropercivall@gmail.com

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