Mar. Jul 28th, 2026

Redacción LNA

Nacionales

LA NUEVA ANTORCHA.— El límite de la resistencia humana ha sido alcanzado. Lo que comenzó como un grito desesperado por justicia se ha transformado en una escena de agonía frente a las sedes de detención. Madres, esposas y docentes, familiares de quienes hoy sufren el encierro por motivos políticos, han comenzado a colapsar físicamente tras extenuantes horas de huelga de hambre a las afueras de Zona 7.

​Mientras el poder se atrinchera en un silencio cómplice e inhumano, los cuerpos de mujeres que solo exigen la libertad de sus seres queridos se desploman sobre el pavimento. No es solo el hambre lo que las debilita; es el peso de la persecución sistemática, la violación flagrante de los Derechos Humanos y el hostigamiento que el Estado venezolano ejerce contra quienes se atreven a disentir.

El rostro de la represión

​La situación de los presos políticos en Venezuela ha trascendido las rejas para convertirse en una tortura extendida a sus familias. Docentes, pilares de la formación del país, hoy se ven obligados a poner en riesgo su propia vida para denunciar:

  • Detenciones arbitrarias sin debido proceso.
  • Aislamiento y tratos crueles dentro de los centros de reclusión.
  • Indiferencia estatal ante el deterioro de salud de los huelguistas.

Un grito que no podrán callar

​»No estamos aquí por elección, estamos aquí porque el sistema nos arrebató la paz y a nuestros hijos», se escuchaba entre los sollozos de quienes auxiliaban a una de las huelguistas desmayadas. La exigencia es única, clara y no negociable: LIBERTAD INMEDIATA Y PLENA PARA TODOS LOS PRESOS POLÍTICOS.

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​La comunidad internacional y los organismos de derechos humanos están bajo alerta. Cada minuto de silencio gubernamental es una firma en la sentencia de muerte de ciudadanos inocentes cuyo único «delito» ha sido soñar con un país libre.

¡Basta de persecución! ¡Justicia para los docentes y familiares! ¡Libertad ya!