Por Alberto García Sánchez
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.- Venezuela es uno de los países que más preocupa a la comunidad mundial, por su sistema político impuesto a partir del 10 de enero que genera un sinnúmero de problemas de orden político, económico y social.
Lo delicado radica en que el gobierno, sin darse cuenta, toma decisiones como la convocatoria a elecciones el 27 de abril de este año, de parlamentarios regionales, nacionales, concejales, alcaldes y los 24 gobernadores con la inclusión del gobernante del territorio Esequibo, que es una especie de acelerante para promover el estallido social.
Más del setenta por ciento de la población venezolana sigue en estado de alerta ante una Venezuela irredenta, sin cambios, por el desconocimiento de su voluntad popular que eligió de manera cívica el pasado 28 de julio, al embajador Edmundo González Urrutia como presidente electo, impulsado por la líder liberal María Corina Machado al convencer a los electores sobre la necesidad de un cambio político, económico y social con la finalidad de rescatar la libertad y la dignidad extraviada hace unos 25 años con la llegada al poder del chavismo que se ha ido diluyendo en el tiempo por las políticas públicas fracasadas del madurismo.
Este fracaso del llamado Socialismo del Siglo XXI y el desconocimiento de la voluntad popular, ha llevado a millones de venezolanos, orientados por María Corina Machado a transitar por el llamado estoicismo a dar pasos seguros para rescatar la democracia como principio fundamental de progreso y libertad. El estoicismo nos enseña a enfocarnos en lo que se pueda controlar, cuestionando las opiniones de los adversarios políticos para construir una vida digna.
De nada servirán las maniobras absurdas del Consejo Nacional Electoral, en obediencia al régimen, de convocar elecciones porque ese sentimiento no está en la mente ni corazón de los venezolanos que se sienten burlados de su voluntad expresada en las urnas electorales que estuvieron bajo custodia de las Fuerzas Armadas Bolivarianas, integrantes del llamado Plan República.
El país está atascado, paralizado y sin opciones para comercializar el petróleo que es el sustento de una economía monoproductora al limitarse la comercialización con nuestro principal socio de todos los tiempos como es Estados Unidos de Norteamérica que por la ubicación es el más conveniente. El resto de los mercados internacionales como China y otros del continente europeo, no son atractivos por su ubicación geográfica.
Por eso la sociedad Venezolana se ha vuelto estoica en la búsqueda del cambio político con un ritmo pausado en un horizonte iluminado por la irradiante luz energizada de la comunidad internacional, encabezada por la nación más poderosa del mundo, como lo es los Estados Unidos de Norteamérica.
Venezuela se ha convertido en una nación con ciudadanos pobres, con servicios públicos colapsados a pesar de su riqueza en su subsuelo. De ese atasco se saldrá en algún momento, sin conflictos que alteren la paz social como es el sueño de la población venezolana.

